“José C. Paz tiene cura”, el lema que juntó 40 mil firmas: la historia detrás del sueño vecinal para que un sacerdote enfrente a Mario Ishii en las urnas

Habla del espacio público como si fuese un político, pero (por poco) no lo es. Administró fondos públicos de Nación para el arreglo de viviendas precarias, conoce al detalle las internas partidarias que llevaron a la división del viejo Partido de General Sarmiento a mediados de los ’90, y recuerda la convulsionada gestión del primer intendente de José C Paz, el ex futbolista Rubén “Hueso” Glaria. Tiene el mapa del municipio en la cabeza, no solo por los 37 años que lleva recorriéndolo en bicicleta, sino por su extenso trabajo en los dos hogares en los que hoy le da de comer a unos 400 chicos y las 14 capillas que están bajo su órbita.

El padre Gustavo Manrique (69) llegó a José C Paz en abril de 1989, antes del estallido social que sacudió al país. En la primera década, cuenta, hizo miles de kilómetros en bicicleta para recorrer el distrito y ahí se hizo popular. Sus gestiones eran tan efectivas que, en 1999, unos 40 mil vecinos juntaron firmas para que se presente como candidato a intendente. Fue la primera elección que consagró como jefe comunal a Mario Ishii, cuando cosechó 34.194 votos, menos que las firmas por el Padre Gustavo.

A 27 años de ese episodio, si bien reivindica no haber entrado en la contienda electoral, realza el valor de la buena política. “No conozco políticos, conozco politiqueros que están siempre tranzando. Son cortoplacistas que hacen las cosas pensando en cuatro años. Eso me rompe la cabeza”, afirma desde una oficina dentro del Hogar San José Providente, en el barrio Santa Paula de José C Paz.

Recuerda aquella aventura casi electoral, eleva la voz al hablar del paso de las drogas ilegales por los barrios, remarca una diferencia con la pobreza de los ´80 y la actual miseria. A lo largo de una hora no esquiva el problema del endeudamiento en las barriadas más humildes y la consecuencia de pedirle dinero a los “tranzas”.

“El conurbano bonaerense no había entrado en la debacle de miseria que hoy estamos viendo, que se profundizó en los ’90 o el año 2000. Había pobreza, pero no miseria, es una diferencia grande”. Gustavo Manrique traza una distinción al hablar de la situación social en el distrito que todavía recorre en bicicleta, vestido con una sotana oscura.

“José C. Paz tiene cura”, el lema que juntó 40 mil firmas: la historia detrás del sueño vecinal para que un sacerdote enfrente a Mario Ishii en las urnas

Nacido en Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca, hombreó bolsas en el puerto de Buenos Aires para pagarse la carrera de ingeniería en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires. Avanzó hasta el cuarto año y entró en el seminario. Hoy repite que piensa con cabeza de ingeniero, incluso cómo mejorar situaciones en los barrios.

“A fines de los ’80, no existía el delito ni la droga como hoy. Es por el paso de los tranzas, porque esta zona justamente es un pasillo entre Malvinas Argentinas y Moreno. Los que salen de Grand Bourg como de Malvinas Argentinas y quieren llegar a Moreno, utilizan esto como pasillo. Cuando se dividió General Sarmiento, San Miguel se quedó con la parte comercial y con la parte bancaria porque era el centro; Malvinas Argentinas se quedó con los parques industriales, y José C Paz se quedó prácticamente con nada”, mapea el sacerdote sobre la división de 1994.

Recuerda que aquella partición del municipio que gobernaba Luis Ortega, hermano de Palito, fue por una pelea entre el por entonces presidente Carlos Menem y el ex gobernador Eduardo Duhalde. Cada oración en su recuerdo está cruzada por la política partidaria.

“En los ’90, me enteré de que había un programa que bajaba Nación para refacción de viviendas. Pensé: ‘Si esto lo recibe la gente, lo va a usar mal’. Me puse a gestionar las partidas. Entonces, fui a dos o tres corralones y firmé un convenio con ellos. Yo le daba como un vale a los vecinos y recién ahí iban a buscar los materiales. Administré no sé cuántos millones de pesos, que hice rendir por tres. A los vecinos les daba la plata y les pedía que tenían que colaborar con otras dos familias del barrio y así reparamos como 1000 casas”, relata sobre aquella gestión, que se parecía mucho a la de un funcionario público.

Gustavo Manrique, el cura de José C Paz al que los vecinos querían de intendente. Foto: Luciano Thieberger

Las 40 mil firmas para que fuera candidato a intendente en José C Paz

Manrique señala que rindió todas las cuentas a Nación por el programa. Entre las recorridas en bicicleta por el distrito y la gestión para la reparación de muchas viviendas, su imagen creció.

“A un grupo vecinal que veía lo que hacía como cura, se le ocurrió un eslogan ‘José C. Paz tiene cura’ y a partir de ahí empezaron a trabajar en la junta de firmas. Había una mala gestión de Glaria y hasta hubo una situación con tiros en el Concejo Deliberante en la que no se sabe si estuvo o no Ishii. La gente estaba cansada y puso mesas en las plazas y la estación para juntar firmas”, rememora Gustavo.

Por aquellos años, un Mario Ishii concejal pasaba por el Hogar San José Providente con un Peugeot 504 azul. “Venía a tomar mate, siempre mantuvimos un diálogo de respeto”, dice el sacerdote sobre el intendente en uso de licencia para asumir su banca de senador provincial.

“No hice campaña”, dijo Gustavo Manrique en la nota publicada en Clarín en agosto de 1999. “¿Cómo puede ser que en José C. Paz, con 220 mil habitantes, no haya una persona en condiciones de ser un buen intendente”, se preguntó el sacerdote en el mismo artículo.

En aquel momento, ante el aluvión de firmas, Manrique no sabía cómo decir que no a la propuesta vecinal y los mandó a hablar con el obispo de San Miguel, monseñor Abelardo Silva. “El obispo me llama y dice: ‘Gustavo, la gente está pidiendo’. Y le contesté que se los mandé a él para que les dijera que no”, cuenta entre risas.

Consultado sobre si se cuestionó esa postura, responde: “No dudé nunca de esa decisión, al contrario. Me alegra que habiendo sido más joven, a lo mejor con más entusiasmo o con un defecto que tenemos los curas de creernos que podemos ser el Mesías Salvador, no acepté. La gente me decía: ‘Sí, padre, sí padre’, y me mantuve muy firme y pude seguir ayudando a la gente en lo social”.

Aunque deja una puerta contrafáctica entreabierta: “A lo mejor, si hubiera sido ingeniero me hubiera metido en la política. Creo mucho en la política. La política para la doctrina de la Iglesia, la doctrina social católica, es lo supremo de la caridad, del amor, la acción política”.

Gustavo Manrique, el cura de José C Paz al que los vecinos querían de intendente. Foto: Luciano Thieberger

“No puede ser que distritos que tienen tanta necesidad sean administrados por personas que, independientemente de la buena voluntad que puedan tener, no tienen la formación profesional para poder administrar. Yo siempre digo, ¿por qué los municipios, sobre todo los más pobres, tienen que estar siempre ligados a un partido político y es estar como esclavizado?. Yo pondría un gerente, un CEO para gestionar José C. Paz. Acá hace falta gerenciar, ¿qué es lo que quiere la gente? Quiere seguridad, quiere que mejore el barrio, que funcionen las cosas. Si bien tiene que estar la figura del intendente político, que el intendente tenga la sabiduría de poner alguien que le haga las cosas”, lanza Manrique.

-Pero hablás casi como un político…

-No, no. Esto es mi pensamiento. Y puede ser, tengo un pensamiento social, tengo un sentido de cómo construir la sociedad, cómo llevar adelante procesos, también para el bien común, ¿me entendés? Pero eso es un poco por mi formación también, y además porque me gusta seguir leyendo, me gusta seguir investigando cosas.

Deudas, drogas ilegales y la degradación social

Gustavo Manrique, el cura de José C Paz que habla como un intendente. Foto: Luciano Thieberger

-Después de casi 40 años acá en José C Paz, ¿cuál es la principal problemática hoy?

-No es fácil delimitar un problema porque se juntan los problemas materiales, los problemas sociales, los problemas culturales. Entonces es un combo de cosas. Yo creo que el mayor problema es la falta de articulación entre los actores que quieren prestar un servicio o una ayuda.

-Está el Estado nacional, está el Estado Provincial, está el municipio, organizaciones de la sociedad civil, la Iglesia, está el templo protestante, todos atendiendo. Entra el Estado Provincial por acá, entra el municipio por allá, entra la organización social por otro, pero no coordinados. Hay una falta de articulación porque cada uno defiende su baldosa.

-¿Cómo observás el tema del endeudamiento en los barrios?

-No es solamente de ahora. Esto ya venía cuando abrieron los casinos virtuales, las apuestas virtuales, la gente quedó muy pegada con eso. Es un poco la necesidad junto con la adicción que genera el juego. La persona que no sabe manejar su ansiedad, su necesidad, entonces se queda adherida. Cuando empezaron las ruletas virtuales la gente empezó a meterse, empezó a sacar préstamos para poder apostar y después se generó toda una situación.

-¿Ahora el endeudamiento es para pagar impuestos, alimentos?

-No, es por otras necesidades. En los meses de julio y agosto ¿Cuál fue la deuda más grande que contrajo la gente? Las figuritas del mundial ¿Podés creer? ¿Cómo hacés con un chiquito que quiere tener su figurita con el álbum y que la taladra a la madre. ¿Cuánto costó llenar un álbum del Mundial? Un millón y medio. No tienen para comprar la leche, no tienen para pagar un impuesto y se endeudan con eso. Es terrible porque ya excede lo que puede ser el sistema de los préstamos, es una cuestión mucho más profunda.

-Antes era más díficil tomar préstamos personales.

-No estaban las billeteras virtuales. Qué papá, qué mamá no quiere comprarle un par de zapatillas buenas a su hijo al comienzo de año, porque la zapatilla te da identidad. En el barrio es así. Sacan créditos para comprar la zapatilla que al tiempo está rota, pero siguen pagando el crédito. ¿Qué genera eso en la persona? Trabajar para pagar algo que no tenés. Es una frustración.

-Porque, además, las tasas son muy altas

-Por pedir $10.000, $20.000 o $40.000, termina pagando entre $100.000 y $200.000. Decía de las figuritas y acá me hicieron el cálculo de $ millón y medio para llenar el álbum. ¿Y dónde sacaron esa plata? El otro día me estaban diciendo, “Padre, los chicos a veces vienen con billete de 10.000 pesos”. ¿Y de dónde la sacan esa plata? Es que también está el préstamo también de los tranzas, de la droga.

Gustavo Manrique, el cura de José C Paz que habla como un intendente. Foto: Luciano Thieberger

-Es mucho peor todavía porque ellos te prestan pero a lo mejor no les interesa si no les podés pagar, porque si no podés pagar trabajás para ellos. Lo veo permanentemente en todas las zonas. Si no sos mula, sos depósito. Alquilan las casas para guardar las drogas. El tranza difícilmente tenga las drogas con él, alquila lugares a la gente que le debe dinero. A veces hasta alquilan un pedazo de su casa, una habitación, un estante, lo que sea.

Fuente: www.clarin.com

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