La reflexión de El Alquimista, de Paulo Coelho, sobre la felicidad: “Ningún corazón jamás sufrió cuando fue en busca de sus sueños, porque cada momento de búsqueda es un momento de encuentro con Dios y con la Eternidad”


Publicado originalmente en 1988, El Alquimista convirtió a Paulo Coelho en uno de los escritores brasileños más conocidos en todo el mundo: “Ningún corazón jamás sufrió cuando fue en busca de sus sueños, porque cada momento de búsqueda es un momento de encuentro con Dios y con la Eternidad”.
La historia sigue a Santiago, un joven pastor andaluz que abandona su vida cotidiana después de soñar con un tesoro.
El viaje comienza en España y lo lleva hasta Egipto. Sin embargo, buena parte de la novela está construida alrededor de otro recorrido: el que obliga al protagonista a decidir cuánto está dispuesto a arriesgar para seguir aquello que considera importante.
“Ningún corazón jamás sufrió cuando fue en busca de sus sueños, porque cada momento de búsqueda es un momento de encuentro con Dios y con la Eternidad”
“Ningún corazón jamás sufrió cuando fue en busca de sus sueños, porque cada momento de búsqueda es un momento de encuentro con Dios y con la Eternidad”, sostiene uno de los pasajes de El Alquimista.
La frase aparece vinculada al miedo que siente Santiago mientras avanza hacia su objetivo. El personaje comprende que el temor a perder, equivocarse o sufrir puede convertirse en una barrera incluso antes de que ocurra algo concreto.
Coelho plantea entonces una diferencia entre el sufrimiento real y el miedo anticipado al sufrimiento. En la novela, ese temor puede ser suficiente para que una persona abandone aquello que desea antes de haber intentado conseguirlo.
La felicidad no aparece presentada como ausencia de dificultades. Santiago pierde dinero, atraviesa el desierto, cambia sus planes y se enfrenta a distintas pruebas antes de acercarse a aquello que salió a buscar.
El sentido está en continuar a pesar de esos obstáculos. Seguir un sueño implica aceptar la incertidumbre, pero también vivir experiencias que no habrían ocurrido si el protagonista hubiese permanecido en el mismo lugar.
Uno de los conceptos que estructura toda la novela es la Leyenda Personal. Paulo Coelho utiliza esa expresión para referirse a aquello que una persona desea profundamente hacer con su vida.
Santiago descubre la suya después de soñar dos veces con un tesoro cerca de las pirámides de Egipto. Para intentar encontrarlo debe vender sus ovejas, dejar Andalucía y comenzar un viaje cuyo resultado desconoce.
A lo largo de la historia aparecen personajes que también tuvieron sueños, pero tomaron decisiones diferentes. El comerciante de cristales, por ejemplo, desea viajar a La Meca, aunque posterga durante años ese proyecto y termina acostumbrándose a imaginarlo sin concretarlo.
Ese contraste permite que la novela muestre dos caminos. Uno consiste en asumir el riesgo de cambiar; el otro, en mantener una vida conocida por temor a lo que puede ocurrir si se intenta algo distinto.
Dentro de esa lógica aparece otra de las ideas más famosas de El Alquimista: cuando alguien quiere algo de verdad, el universo conspira para ayudarlo a conseguirlo.
El camino hacia Egipto está lejos de ser sencillo. Poco después de llegar al norte de África, Santiago pierde el dinero que había obtenido al vender su rebaño y queda varado en una ciudad cuyo idioma no comprende.
Para recuperarse comienza a trabajar en una tienda de cristales. Allí consigue reunir nuevamente dinero y llega a tener la posibilidad concreta de regresar a España y comprar más ovejas de las que tenía antes.
Sin embargo, decide continuar. Después se une a una caravana que atraviesa el desierto rumbo al oasis de Al-Fayum, donde conoce al Alquimista y también a Fátima, de quien se enamora.
Fuente: www.clarin.com



