La historia detrás de la peor goleada que sufrió Boca en su vida :: Olé

“Es una falta de respeto para el fútbol argentino”. César Luis Menotti.
“Yo nunca me comí nueve, y jugué en todas las divisiones de Boca. Me quiero morir”. Roberto Mouzo.
“No fueron 12 o 13 de milagro. Estamos cada vez más lejos del fútbol europeo”. El Loco Hugo Orlando Gatti.
Es 1984. El país, presidido por Raúl Ricardo Alfonsín, vive la llamada “primavera democrática”. Es el fin de la censura y la recuperación de las libertades civiles. Mientras se investigan los crímenes de la dictadura y los jóvenes vuelven a participar en política, se vive una etapa de ebullición en las artes, el teatro, el rock nacional. Pero también son tiempos de tensiones militares y fragilidad económica. La inflación asciende al 700% y la deuda externa, a 45 millones de dólares. El Gobierno lanza el plan de emergencia PAN (reparte cajas con paquetes de harina, fideos, arroz, leche en polvo) para asistir a los sectores más vulnerables y en agosto sufre su primer paro general. En los cines dan Camila (película argentina nominada al Oscar), Mingo y Aníbal dos pelotazos en contra, Karate Kid, Scarface y los Gremlins. Himno de mi corazón, de los Abuelos de la Nada; Piano Bar, de Charly; y Del 63, de Fito: son los hits que suenan en la radio. El químico argentino César Milstein gana el Nobel de Medicina y, a los 70 años, fallece Julio Cortázar en Paris. En una Argentina de casi 30 millones de habitantes hay 2,5 millones de líneas telefónicas de Entel. La consola del momento es la ColecoVisión con su videojuego Donkey Kong y el mercado automotor vive una revolución con el lanzamiento del Ford Sierra, que tiene su versión deportiva con el modelo XR4 de tres puertas y alerón trasero.
El fútbol vive su propia revolución: la de los equipos chicos. El Ferro de Timoteo Griguol, el Beto Márcico y Adolfino Cañete gana el Nacional; y el Argentinos del Sapo Saporiti, el Bichi Borghi y el Checho Batista logra el Metropolitano. ¿Y los grandes? Independiente, ese año, obtiene la Libertadores y la Intercontinental; River se arma después de romper el mercado en 1983 con la compra de un uruguayo llamado Enzo Francescoli por 310 mil dólares; mientras Racing está en la B y el San Lorenzo de Perazzo, Leo Madelón y Blas Giunta se va de gira por Centroamérica, donde lo estafan y termina jugando para pagar el hotel y la comida. ¿Y Boca? Trancu. Atraviesa el peor año de toda su historia.
Luego de formar un equipo estelar en 1981 con la compra del Diego, la gestión del presidente Benito Noel comienza a hacer agua en 1982. El endeudamiento por la llegada del Diez, sumado a nombres rutilantes como los de Miguel Brindisi, el Puma Morete y Ariel Krasouski, en un contexto de continuas disparadas del dólar, hace volar por los aires la economía del club. En diciembre de 1983 gana las elecciones el “Frente Único Orden y Progreso” de Domingo Corigliano. El Zurdo López, que venía de dirigir a Independiente y al Atlético Nacional de Colombia, asume como entrenador. Se renuevan las ilusiones. Para comienzos de aquel 1984 parece que todo se encarrila. Boca hace un gran torneo de verano: golea 3-0 a River con tres del Flaco Gareca, también vapulea 3-0 a Independiente y le gana 4-2 al Racing de la B. Pero es un espejismo. En el Torneo Nacional, primer campeonato del año, queda eliminado en la fase de grupos. Termina tercero en una zona de cuatro, con Newell’s, Talleres y Ferro de General Pico. El partido clave es contra los cordobeses: Boca ganaba 3-0 en 17 minutos, pero terminó 3-3.
A todo esto, un conflicto comienza a escalar: la renovación de los contratos de Oscar Ruggeri y Ricardo Gareca, joyas del semillero xeneize. El representante de los futbolistas, un joven llamado Guillermo Coppola, arregla con el tesorero del club, Héctor Martínez Sosa, US$ 50.000 para el delantero y US$ 20.000 para el defensor. Pero el club no cumple.
La crisis es tal que el 24 de junio se da un hecho inédito: Boca juega el superclásico ante River, por la 13° fecha del Metropolitano, como local… ¡en el Monumental! La Bombonera solo tiene habilitado el anillo inferior, una platea y los palcos, por una denuncia realizada por un empleado enojado que, al no cobrar, había llamado a la Municipalidad de Buenos Aires para avisar de un supuesto riesgo de derrumbe. Esta capacidad reducida del estadio hace que sea inviable que pueda jugarse allí un partido de la tanta concurrencia. Entonces, la dirigencia no tiene mejor idea que alquilarle la cancha a su clásico rival. A pesar de ser en Núñez, la voz del estadio es xeneize y los alcanzapelotas, también. Bajo la lluvia, Boca, dirigido ya por el brasileño Dino Sani, empata 1-1 con gol de Ariel Krasouski. El de River lo hace Ivar Stafuza en contra.
El primer pago a Ruggeri y Gareca, que estaba estipulado para el 22 de junio, no se efectúa. La situación es cada vez más apremiante. El conflicto se suma a premios no pagados al plantel y a un dinero adeudado a Carlos Randazzo. Las tensiones dirigencia-jugadores aumentan. A pesar de rumores de huelga, Ruggeri y Gareca son titulares ante Vélez el domingo 1º de julio, por la fecha 14 del Metropolitano. Boca gana 2-1 en Liniers, con goles de Gareca. En el Fortín ataja Carlos Fernando Navarro Montoya y ese día es el último partido oficial del 9 de Vélez: Carlos Bianchi.
Días después del triunfo ante Vélez, renuncia el tesorero del club. Llegamos así al histórico domingo 8 de julio de 1984. Un encuentro que marcará la época: Boca vs. Atlanta.
Pese a los ruegos del presidente Corigliano y a las presiones de El Abuelo, el líder de la barra de Boca, el plantel va a la huelga. Por eso, contra Atlanta deben saltar a la cancha los pibes de la Cuarta. El panorama no puede ser peor. Como Atlanta usa camiseta azul y en la utilería de Boca no hay camisetas suplentes, los pibes deben salir a la cancha con casacas blancas de entrenamiento a las que les pintan los números con marcador. Con el correr de los minutos, los números se destiñen. Boca pierde 2-1 (el Murciélago Graciani, que luego hará historia en Boca, convierte uno de los goles del Bohemio).
En ese contexto, que hoy que parece de ciencia ficción, Boca viaja a Barcelona para jugar el Trofeo Joan Gamper, histórico torneo en el que el club catalán presenta a su equipo para la nueva temporada. Viaja envuelto en ese caos económico e institucional, pero también sin descanso. El miércoles 15 de agosto, o sea seis días antes del partido ante el Barcelona, vence 3-1 a Estudiantes en cancha de Vélez (la Bombonera estaba clausurada), por el Metro. El viernes 17, golea 6-0 a Unión (Simoca), en un amistoso en Tucumán. Y apenas cuatro días más tarde, el equipo sale al Camp Nou para jugar ante el Barsa dirigido por el inglés Terry Venables y conducido por el alemán Benrd Schuster, por ese entonces señalado como uno de los mejores futbolistas del mundo.
Boca formó con Hugo Gatti; Hugo Álvez, Roberto Mouzo, Roberto Passucci, Carlos Córdoba; Ariel Krasouski, Mario Alberto, Carlos Vázquez; Gerardo Manuel Abdeneve; Fernando Morena y José Luis Mendoza.
A los 30 minutos ya está 0-2 abajo y con diez por la expulsión de Passucci, que metió una patada criminal. “Le pegué un patadón a Schuster. Allá, si sos violento, te sacan la roja enseguida”, recordaría años después en La Nación.
A los 37′ llega el 3-0 del escocés Steve Archibald, que tras una gran temporada en el Tottenham había llegado al Barcelona de la mano del técnico inglés Venables para reemplazar a Diego Maradona.

Mirá también
El mapa de los borrados por el Vasco: se fueron nueve y queda uno entrenándose solo en Boca Predio
A los 20′ del segundo tiempo el partido ya está 7-0. Increíble. A los 23′ llega el descuento, de penal, del uruguayo Fernando Morena. Después, el octavo de Esteban y el noveno de Marcos…
“Creo que voy a recordar toda la vida ese martes 21 de agosto de 1984. Ese día viví sensaciones inéditas como periodista (…). ¿Será cierto todo esto o es una pesadilla?”, escribía en su crónica el periodista Natalio Gorin, enviado de El Gráfico. “Veía a los jugadores inmersos en un silencio letal, que golpeaba, que hablaba a su manera. Es que a estos muchachos los va a marcar la estadística, en alguna historia, pero no son los asesinos; esta artera cuchillada al fútbol argentino salió de una mano que empujaron muchos. Esto no es la muerte del fútbol argentino, pero como herida va a tardar mucho en cicatrizar”.
El Flaco Menotti, que venía de dirigir al Barcelona y vio ese partido desde el palco del Camp Nou, se indigna en El Gráfico: ” Una vez dije que la Selección no podía ir a Europa con dos días de anticipación y se enojó todo el mundo, empezando por Bilardo. Esto de Boca no se puede creer. Jugaron con Estudiantes el miércoles pasado, fueron a Tucumán, volvieron a Buenos Aires y se tomaron un avión para España. No, viejo, no. Hay cambios de horarios, no hay descanso. Así no se puede salir a jugar el Gamper contra Barcelona. Yo no les echo la culpa a los jugadores de Boca: este es un problema de mentalidad, de organización. Así, nos vamos al carajo”.
Luego del partido, el plantel vuelve al hotel Calderón, un cuatro estrellas sobre La Rambla, en pleno centro de Barcelona. Cenan jamón cocido y queso de entrada, vermichellis con carne a la cacerola, helados y café de postre. Lo increíble es que, al día siguiente de esa goleada, deben pisar de nuevo el Camp Nou: juegan contra el Aston Villa, por el tercer puesto. Es el primer encuentro entre un club argentino y uno inglés tras la guerra de Malvinas, de 1982. Es triunfo 2-0, con goles de Carlos Mendoza y Fernando Morena. Dos años antes el Aston Villa se había coronado campeón de Europa.
Tras ese Trofeo Gamper, sigue la gira europea. Sigue como no podía ser de otra manera: a puro desastre. El plantel termina varado diez días en Italia. Se le suspenden dos amistosos y los jugadores quedan a la espera de que los dirigentes organicen algún partido. Tras volver al país, todavía en plena crisis económica, Boca realiza otra gira en septiembre. Esta vez por los Estados Unidos. El hito más recordado es en Fresno, California, en el triunfo 2-1 al Atlas de México: en los minutos finales, Gatti entra a jugar de delantero.
El 5 de noviembre renuncia el presidente Corigliano. Días después, el 11, Boca visita el Monumental con un equipo otra vez lleno de pibes porque los profesionales están en huelga. Pierde 4-1. Dos goles del Beto Alonso (que hace un corte de mangas a la tribuna visitante) y dos de Enzo Francescoli. A River lo dirige el Bambino Veira, que había asumido hacía dos meses.
Dos noches antes de ese superclásico, el viernes 9 de noviembre, en el bar “La Posta de Antonio”, en Barracas, los pocos dirigentes que quedaban de la Comisión Directiva, más los líderes de las principales agrupaciones políticas, se juntan y forman un llamado Grupo de Notables. Con la Bombonera con pedido de remate, el plantel en huelga y un retraso de varios meses en los sueldos de los empleados, le piden al Gobierno la intervención del club.

Mirá también
Fue amigo de Maradona en el Napoli y hoy vive en la calle: lo encontraron alcoholizado y durmiendo en un banco
Entre aquellos dirigentes que intentan el salvataje sobresale un hincha de 61 años, con solo cinco de antigüedad como socio: Antonio Alegre. El 27 de enero de 1985 se convertirá en el presidente del club, dando comienzo a una nueva era.
Fuente: www.ole.com.ar










