Fernando Savater, filósofo, 79 años: “El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos y una mente compleja”


A sus 79 años, Fernando Savater sigue siendo una de las voces más influyentes del pensamiento español contemporáneo. En plena era de la sobreestimulación digital y la gratificación inmediata, el filósofo donostiarra defiende una idea que descoloca buena parte de nuestras prioridades actuales: la verdadera felicidad no está en acumular deseos, sino en saber pensar.
La frase que resume su forma de entender la vida es tajante: “El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos y una mente compleja, el problema es que a menudo la mente es sencilla y los gustos son complejos”. Savater da la vuelta al esquema habitual: para él, la verdadera complejidad está en saber pensar, no en acumular deseos.
Esta reflexión procede del ensayo “Jardines interiores”, incluido en el libro colectivo “Muchas felicidades: Tres visiones de la idea de felicidad” (Editorial Ariel), escrito junto con Carlos García Gual y Javier Gomá Lanzón. El filósofo la ha retomado también en distintas entrevistas.
La clave filosófica del ensayo es el rescate de la tradición epicúrea. Epicuro sostenía que los deseos verdaderamente necesarios son pocos y accesibles, y que el sufrimiento comienza cuando confundimos lo prescindible con lo imprescindible. Savater actualiza esa intuición: una mente cultivada (compleja) sabe distinguir lo que genuinamente satisface de lo que el mercado, la comparación social o la publicidad nos presentan como urgente. Una mente sin ese entrenamiento (sencilla), en cambio, se llena de deseos complejos que nunca termina de saciar.
El problema surge, explica el filósofo, cuando la imaginación, estimulada por la comparación constante y el mercado, multiplica las expectativas hasta hacerlas inalcanzables. En el momento en que lo accesorio se convierte en urgente y lo suficiente empieza a parecer insuficiente, entramos en una carrera en la que nunca se alcanza la meta.
Para Fernando Savater, la cultura es un entrenamiento interior: leer, estudiar, pensar o conversar son actividades clave para conseguir una mente cultivada, capaz de reinterpretar la realidad, relativizar los problemas y encontrar sentido incluso en las situaciones más complicadas.
Savater hace hincapié en que los deseos que verdaderamente necesitamos son pocos y realmente alcanzables. Sin embargo, necesitamos constantemente más estímulos, mayor reconocimiento y mayor intensidad, y eso muy pocas veces nos lleva a una felicidad estable: más bien alimenta la insatisfacción.
En esa misma línea, el filósofo ha añadido otra reflexión que completa su pensamiento: “La felicidad no es algo que nos pase, sino algo que nosotros hacemos que pase”. Savater también ha definido la felicidad como “un estado de satisfacción, más o menos duradero, que experimenta subjetivamente el individuo en posesión del bien deseado”, aunque advierte de que ese “bien”, inmaterial pero siempre codiciado, nunca es definitivo: una vez alcanzado, el deseo puede volver a aparecer conforme avanzan la vida y las circunstancias.
Por eso el ensayista insiste en que la felicidad es más una tendencia que un estado permanente: un proyecto o un proceso, más que un fin en sí mismo. Una idea que interpela a la España actual.
Nacido en San Sebastián en 1947, Savater ha construido una obra que cruza ética, política y educación, y que lo ha convertido en una de las figuras intelectuales más reconocidas del país. En una sociedad envejecida, hiperconectada y cada vez más dependiente de estímulos inmediatos, su reflexión sobre los gustos sencillos y la mente compleja invita a una revisión incómoda, pero necesaria, de nuestras prioridades.
Fuente: www.clarin.com



