Eva Soriano, humorista y presentadora: “Deberíamos empezar todas las relaciones con un depósito de 1.000 euros: si me estafas, me quedo con tu dinero”


Desaparecer de la vida de alguien sin darle explicaciones puede parecer simplemente una forma incómoda de terminar una relación, pero el ghosting ya ha sido estudiado por la psicología como una modalidad particular de rechazo social. En una investigación con 80 adultos que habían estado en ambos lados de esta situación, quienes habían sido ignorados describieron más tristeza y sentimientos de dolor, además de una mayor amenaza a necesidades como la autoestima, la pertenencia o la sensación de control.
Es precisamente esa falta de responsabilidad afectiva la que Eva Soriano ha llevado a su terreno, el humor. Durante su participación en ¿Qué habrías hecho mejor?, el podcast presentado por Mar Flores en Podimo, la humorista habló de volver a buscar pareja después de una relación larga, de las decepciones que se ha encontrado y de una peculiar solución: que empezar una relación implique dejar una fianza.
“No entiendo muy bien cómo funciona esto ahora. Hay muchísima gente que está dejando cadáveres emocionales y lo que pasa es que te quedas herida”, explica Soriano durante la conversación.
La presentadora describe las relaciones actuales como una especie de partida de ajedrez en la que, según su experiencia, demasiadas personas evitan decir claramente lo que quieren. El ghosting, las desapariciones repentinas o generar expectativas para después marcharse sin explicaciones aparecen como ejemplos de aquello que ella engloba bajo la falta de responsabilidad afectiva.
La investigación disponible permite matizar el fenómeno: ser víctima de ghosting se ha relacionado con sentimientos de tristeza y rechazo, aunque eso no significa que todas las personas sufran las mismas consecuencias psicológicas ni que desaparecer de una conversación provoque necesariamente un trastorno mental. Incluso un pequeño experimento reciente con 112 jóvenes no encontró cambios en su sueño después de inducir una situación breve de ghosting.
Soriano convierte entonces la frustración en uno de los momentos más cómicos de la entrevista. “La vivienda está mal, pero los corazones de los españoles también”, bromea antes de dirigir su particular propuesta al presidente del Gobierno.
“Deberíamos empezar todas las relaciones con un depósito de 1.000 euros. Si me estafas, me quedo con tu dinero”, plantea. Su razonamiento es sencillo: si hubiera dinero en juego, quizá algunas personas se pensarían dos veces cómo tratan emocionalmente a los demás.
La propuesta, evidentemente humorística, continúa con otro gasto mucho más real para ella: la terapia. “Me da rabia estar gastándome mis 60 eurazos en el psicólogo dos o tres veces a la semana mientras hay una persona por ahí pegando navajazos emocionales. ¡Págame la terapia!”, exclama.
Pero detrás de las bromas aparece otra reflexión. Soriano reconoce que durante mucho tiempo su capacidad para hacer humor no solo le permitió construir una carrera, sino también seguir funcionando cuando emocionalmente no estaba bien.
“He trabajado mucho desde la superficialidad porque me venía muy bien para tirar hacia adelante a nivel laboral, pero a nivel personal me estaba haciendo daño porque no me dejaba tocar por las emociones. Luego petas por lados que no entiendes”, explica.
No plantea dejar de utilizar el humor, sino aprender a reconocer cuándo sirve para compartir algo y cuándo se convierte en una armadura que evita afrontar lo que está ocurriendo.
La reflexión más personal llega cuando habla de relaciones en las que sintió que la otra persona se alimentaba de lo que ella aportaba. Soriano termina dándole la vuelta a aquella experiencia.
“Me di cuenta de que todo lo que había tenido con esa persona no era por él, sino por lo capacitada que estoy yo para amar”, explica. En lugar de atribuir todo lo vivido a lo extraordinario que era el otro, comenzó a reconocer que el cariño, el deseo y la capacidad de implicarse también nacían de ella.
“Pensar que todo eso era mío hizo que me enamorara de mí misma”, concluye. Y ahí la imaginaria fianza de 1.000 euros deja de ser realmente el centro de la conversación: detrás de la broma está la idea de aprender a proteger el propio tiempo y afecto sin renunciar a la capacidad de volver a querer.
Fuente: www.clarin.com



