Elizabeth Clapés, psicóloga: “Las mujeres queremos hombres funcionales, que se ocupen de sí mismos y no nos tengan que preguntar nada”


El reparto de las responsabilidades domésticas sigue lejos de ser completamente equilibrado. En una encuesta del CIS, las mujeres declararon dedicar de media 172 minutos diarios a las tareas del hogar, frente a 127 minutos de los hombres. La distancia aumentaba con los hijos: 412 minutos de cuidados en un día laborable para ellas frente a 229 para ellos. El Instituto Europeo de la Igualdad de Género también concluyó en 2026 que, en España, las mujeres continúan implicándose con mayor intensidad en los cuidados y realizan con más frecuencia tareas domésticas cotidianas.
Ese contexto ayuda a entender una reflexión de Elizabeth Clapés en una conversación reciente con René ZZ en ZZEN Talks. La psicóloga no centra el problema únicamente en quién limpia o cocina, sino en quién tiene que recordar lo que falta, anticiparse, organizar y decirle al otro qué debe hacer. Su resumen es directo: “Las mujeres queremos hombres funcionales, que se ocupen de sí mismos y que no nos tengan que preguntar nada”.
La frase no significa que dentro de una pareja no haya que comunicarse o preguntar nunca. En el contexto de la conversación, Clapés se refiere a no necesitar que la pareja actúe como responsable permanente de las decisiones cotidianas.
“Ya le gustaría a tu mujer no tener que decirte cómo hacer las cosas y que las supieras hacer tú solo porque eres un adulto”, afirma. Para ella, el problema aparece cuando una persona termina ocupando el papel de supervisora y la otra espera instrucciones.
Clapés explica que en su propia relación intenta evitar precisamente esa dinámica: “Yo no siento que tenga más carga que mi pareja. Siento que él sabe lo suyo y yo sé lo que es lo mío. Y cada uno se ocupa de lo suyo”.
Una de las expresiones habituales dentro de casa es: “Si necesitas algo, me dices”. Puede sonar colaborativa, pero deja una tarea invisible en manos de la otra persona: detectar qué hace falta y repartir posteriormente el trabajo.
Es lo que suele denominarse carga mental. No consiste únicamente en hacer la compra, por ejemplo, sino en darse cuenta de que falta comida, pensar el menú, preparar una lista y decidir cuándo comprar.
Clapés lo traslada también a la relación de pareja. Puede ocurrir, explica, que “la que organiza los viajes es ella”, “la que organiza el tiempo de calidad es ella” y quien finalmente protesta no esté intentando limitar la libertad del otro, sino reclamando iniciativa.
Clapés cuestiona especialmente expresiones como “tengo que preguntarle a la jefa” o “a ver qué dice la parienta”. A su juicio, presentar a la mujer como quien concede o retira permisos puede ocultar otra dinámica.
“Si tú ves a tu mujer como la jefa, la parienta, la persona a la que le tienes que pedir permiso lo más probable no es que tengas al lado a una mujer muy mandona. Es que tú eres una persona que no se vale por sí misma”, sostiene. Su crítica apunta a la parentalización de la pareja: cuando uno de los dos acaba recordando horarios, obligaciones, cuidados o tareas y el otro ocupa progresivamente una posición más pasiva.
Un estudio publicado en Archives of Women’s Mental Health analizó a 322 madres de niños pequeños y separó el trabajo doméstico físico del cognitivo: planificar, anticipar necesidades y organizar las tareas.
Las participantes declararon asumir aproximadamente el 73% de esa carga cognitiva, frente al 27% atribuido a sus parejas. Además, una mayor proporción de trabajo mental se relacionó con más estrés, síntomas depresivos y agotamiento, así como con una peor valoración de la relación.
La psicóloga insiste durante la conversación en que está generalizando. “No quería dejar de decir esto porque tampoco es justo con vosotros hablar así”, aclara sobre los hombres, y posteriormente señala errores que también observa entre las mujeres. Entre ellos menciona “parentalizar mucho a nuestra pareja”, acumular malestar hasta explotar o atribuir intencionalidad negativa a comportamientos que en algunos casos responden a falta de aprendizaje.
El mensaje, por tanto, no consiste en sustituir una guerra de sexos por otra. La cuestión es que dos adultos compartan tanto la ejecución como la responsabilidad de pensar qué necesita una casa, una familia y una relación. El Instituto Europeo de la Igualdad de Género incluye precisamente el reparto de cuidados y trabajo doméstico entre sus prioridades para reducir las desigualdades: corresponsabilidad significa participar, pero también organizar, anticipar y decidir.
Fuente: www.clarin.com



