Jaime Salvá, arquitecto: “Las piscinas muy profundas ya no están de moda, requieren más mantenimiento y un mayor gasto energético”

Cuando uno se imagina una zona de relax en casa, piensa en una piscina, unas tumbonas y un rincón de sombra. Cuesta creer que algo pueda salir mal. Pero sin esperarlo, la sombra llega antes de tiempo, el agua exige más mantenimiento del esperado, los focos molestan desde el salón o la piscina es demasiado profunda para bañarse tranquilamente.

“Estos problemas nacen de haber pensado la piscina como un elemento independiente, sin tener en cuenta cómo se relaciona con la casa, el jardín y la vida diaria de quienes la van a utilizar”, explica el arquitecto Jaime Salvá a La Vanguardia. Para el especialista, el resultado depende de decisiones que se toman mucho antes de llenarla de agua: dónde colocarla, qué profundidad darle y cómo integrarla en la vivienda.

La ubicación y el diseño condicionan su uso

No basta con colocar la piscina en la zona libre del jardín. “Hay que tener en cuenta la cantidad de luz solar, la topografía del terreno, la privacidad y la distancia respecto a árboles o estructuras que puedan provocar problemas de sombra o de raíces”, declara Salvá.

Una sombra fija puede impedir que el agua se caliente y reducir las horas en las que apetezca utilizar la piscina. También la proximidad de ciertos árboles puede hacer más difícil su conservación, tanto por la suciedad que producen como por posibles problemas de raíces.

“La piscina debe integrarse con el paisaje y con la arquitectura de la vivienda”, añade el arquitecto. Su tamaño, forma y acabados no deberían decidirse únicamente por tendencias, sino por las características de la parcela y por el uso real que tendrá.

“La piscina debe integrarse con el paisaje y con la arquitectura de la vivienda” Foto: FB/jaime.salva.arquitecto

Antes de ejecutar la obra, también es necesario comprobar la normativa municipal. Las regulaciones pueden establecer límites sobre el tamaño de la piscina, su geometría o la distancia mínima que debe mantenerse respecto al perímetro de la parcela.

Más profundidad no significa una piscina mejor

Uno de los errores habituales es construir una piscina más profunda de lo necesario. En una vivienda particular rara vez se aprovecha. “Últimamente ya no son tan populares las piscinas muy profundas, que requieren un mayor mantenimiento y un mayor gasto energético”, explica Salvá. El arquitecto sitúa entre 1,4 y 1,6 metros una profundidad recomendable para una piscina en casa.

Cuanto mayor es el vaso, más agua se necesita para llenarlo y mayor es el consumo asociado a su filtración, tratamiento y posible climatización. Una piscina sobredimensionada también puede resultar menos cómoda para quienes quieren permanecer de pie, relajarse o jugar dentro del agua.

Frente a las piscinas con una profundidad uniforme, Salvá aconseja incorporar una zona de aproximadamente 30 centímetros. Este espacio permite sentarse dentro del agua, descansar, jugar con niños o acceder de forma progresiva a la parte más profunda.

La piscina debe responder a las rutinas reales de sus visitantes. Una familia con niños pequeños, una persona que quiera nadar o alguien que busque principalmente una zona de descanso no necesitan el mismo diseño.

La piscina debe responder a las rutinas reales de sus visitantes.  Foto: FB/jaime.salva.arquitecto

Materiales, filtración e iluminación

Los acabados deben estar preparados para soportar una exposición continuada al agua, al sol y a los productos químicos utilizados para mantenerla. “Es importante utilizar materiales duraderos y resistentes a la corrosión y la decoloración”, señala Jaime Salvá. También debe prestarse atención a los pavimentos exteriores, que deben soportar los cambios de temperatura y reducir el riesgo de resbalones.

El sistema de circulación y filtración es otro de los elementos que no conviene infradimensionar. “Un sistema adecuado es esencial para mantener el agua limpia y saludable y debe calcularse en función del tamaño de la piscina y de sus necesidades de uso”, explica el arquitecto. Además, recuerda que es necesario reservar un espacio suficiente para colocar la maquinaria y facilitar su posterior revisión y mantenimiento.

La iluminación también requiere planificación. Una mala distribución puede provocar reflejos o deslumbramientos desde la casa. “Un consejo es ubicar la iluminación en el lado más cercano a la vivienda, para que ilumine la pared frontal y se eviten destellos”, concluye Salvá.

El peso del agua, el riesgo que no se ve

Al margen de los problemas de uso, una piscina mal proyectada puede tener consecuencias estructurales. Desde DmasC Arquitectos recuerdan que un solo metro cúbico de agua pesa aproximadamente 1.000 kilos. Incluso una piscina de dimensiones reducidas puede ejercer decenas de toneladas de carga sobre el terreno o sobre la estructura de una vivienda.

“No todas las terrazas están preparadas para soportarla”, advierten desde el estudio. Disponer de suficiente espacio no significa que la estructura pueda asumir el peso adicional. Las piscinas desmontables o inflables también pueden provocar una sobrecarga.

“Una buena piscina es la que no se nota estructuralmente”, resumen desde DmasC Arquitectos. Cuando está correctamente calculada, se integra en la vivienda sin comprometer su estabilidad ni su durabilidad. No todos los errores se descubren con una grieta o una avería evidente. A veces aparecen en el día a día: el agua cuesta más de mantener, las facturas suben, hay zonas que apenas se utilizan o pequeños detalles que terminan resultando molestos. Y cuando la piscina ya está construida, corregirlos suele ser mucho más complicado.

Fuente: www.clarin.com

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