Natalia Vodianova, la supermodelo que vendía fruta en la calle con su madre y hoy tiene una fortuna de 50 millones de dólares: “Vengo de lo más bajo de la sociedad, donde no pensás en qué te vas a poner, sino en qué vas a comer”

Natalia Vodianova se convirtió en una de las supermodelos mejores pagas del mundo a los 19 años. Su éxito fue tal que le valió el apodo de “Supernova” -alguien con tanto brillo, talento y energía que eclipsa a su entorno-, que además de una metáfora de su deslumbrante carrera era un juego de palabras entre “supermodelo” y las últimas dos sílabas de su apellido.
La fama vino acompañada de contratos con los principales emporios de belleza y una fortuna que superó sus expectativas. Fue entonces cuando recurrió a las lecciones de su infancia.
Mucho antes de convertirse en la musa de los diseñadores Karl Lagerfeld, Riccardo Tisci y Diane von Furstenberg, sufrió el abandono de su padre, luego también de su padrastro y su niñez estuvo marcada por el intento desesperado de ayudar a su madre y a su hermana con discapacidad.
Vendía fruta en un puesto ambulante a los 11 años y pasaba hambre todos los días
Natalia nació el 28 de febrero de 1982 en Nizhny Novgorod, una ciudad rusa que entonces se llamaba Gorky. Su padre biológico se fue de la casa antes de que ella cumpliera los dos años y nunca más lo vio.
Larisa, su madre, llegó a trabajar hasta 20 horas por día entre sus dos empleos: atendía un puesto de frutas y limpiaba casas. Algunos años después volvió a formar pareja y tuvo dos hijas, Kristinav y Oksana.
Sin embargo, el padrastro de Natalia las abandonó cuando supo que Oksana había nacido con parálisis cerebral y requería de cuidados especiales. Mucho más adelante fue diagnosticada con autismo severo.
“En mi infancia nos faltó todo, incluida la compasión de otras personas por la discapacidad de mi hermana; la gente se horrorizaba, no querían ser nuestros vecinos ni estar cerca”, reveló la modelo en una entrevista con The Guardian.
“Sentía la pobreza como una humillación, creía que el problema estaba en mi y no en la sociedad, sobre todo cuando era niña, que veía a otros niños felices y pensaba: ‘Debe ser increíble'”, expresó.
“Soñaba despierta con no ser yo. Mis compañeros en la escuela me dibujaban como un palo por mi extrema delgadez, que se debía al hambre y la falta de comida, me llamaban ‘sucia‘ porque mi ropa estaba gastada y no se me acercaban porque decían que les iba a contagiar lo que tenía mi hermana“, rememoró.
Natalia Vodianova a los 13 años en una foto que compartió en su Instagram. Foto: IG @natasupernovaIncluso sufrió agresiones físicas por parte de los estudiantes. “Todavía tengo una cicatriz en la cabeza porque alguien me lanzó algo metálico”, contó. “Me sentía impotente porque no era una elección, tenía que ser fuerte y mi único sueño era sobrevivir otro día”, aseguró.
“Tenía hambre la mayor parte del tiempo, pero una se acostumbra“, confesó en otro reportaje con el Daily Mail, donde dijo que más de una vez lo único que tenía en el estómago era una sopa instantánea de sobre.
Pese a las dificultades económicas, eran muy unidos como familia. “En esa época era habitual que los niños con discapacidad fueran internados en instituciones, pero mi mamá se negó a que se llevaran a mi hermana”, sostuvo.
“Mi familia fue sin duda un ejemplo de fortaleza femenina; era completamente matriarcal. Mi abuela llevaba las riendas, controlaba el dinero, incluso el que ganaba mi abuelo, y hacía que todo funcionara; y mi madre tenía una fortaleza diferente: su decisión de no de dejar a Oksana bajo la tutela del gobierno, fue una lucha enorme que me demostró una gran fortaleza de corazón”, argumentó.
“A mis 11 años ya me quedaba a cargo de la casa y de mis hermanas; cuando no iba al colegio vendía manzanas en el mercado”, recordó.
Todo se volvía más difícil durante los inviernos, muy cruentos y gélidos, a veces con temperaturas bajo cero. “Empecé a faltar a clases y trabajaba 12 horas con mi madre”, reveló. Era una excelente alumna, pero no llegaba a cumplir con las entregas de las tareas y obtenía bajas calificaciones.
Sobre la pasarela de Paris Fashion Week en 2012. Foto: Reuters/Stephane Mahe “Tener una hermana con necesidades especiales me enseñó el amor y la paciencia. De niña Oksana se divertía con los armarios de la cocina, abría todo lo poco que había y lo mezclaba, lo que era catastrófico para una familia que no tenía comida, pero fue mi mejor maestra”, comentó.
“Sonreía incluso cuando no teníamos comida para el día siguiente“, explicó. No tenían juguetes, compartían la ropa y los zapatos, y compartían habitación.
“Compartí cama con Oksana durante diez años, la quiero muchísimo. Ella es como una parte de mí. Es realmente fuerte nuestro vínculo”, manifestó.
Nace una supermodelo: su llegada a París a los 17 años
A pesar de la falta de tiempo y recursos, cuando era niña aprendió a tocar el piano. Una vecina le enseñó durante tres años y la motivó a tomar algunas clases de teatro.
“Esa poca experiencia me dio la confianza necesaria para presentarme en una escuela de modelos a los 16 años“, reveló en diálogo con Harper’s Bazaar, la reconocida revista que la destacó como una “multimillonaria por derecho propio“.
La agencia Viva Models la contrató en 1998 y ese fue el puntapié de su éxito. “Llegué a París a los 17, creo que todos mis instintos se activaron y me llevaron a las decisiones correctas para mi”, reflexionó.
“No provenía de un entorno donde la moda fuera importante. Yo vengo de lo más bajo de la sociedad, donde no pensás en qué te vas a poner, sino en qué vas a comer“, sentenció.
Natalia Vodianova en París en 2012 en pleno éxito profesional. Foto: AP/Zacharie Scheurer“El modelaje me sacó de una situación vital muy difícil en la que tenía muy pocas esperanzas de vivir una vida segura y plena. Me permitió empezar de cero y encontrar el tipo de apoyo y aceptación de mi situación que jamás habría encontrado en mi país”, argumentó.
Se convirtió en una de las top models más solicitadas y con más ganancias de finales de los años ’90 y principios de los 2000. Acaparó las portadas de las ediciones internacionales de Vogue, Elle y Vanity Fair, y Calvin Klein la eligió como rostro para una de sus fragancias.
Para 2012 ya era la tercera modelo mejor pagada del mundo, detrás de Gisele Bündchen y Kate Moss, con ingresos estimados en 8,6 millones de dólares, según Forbes.
Natalia Vodianova como portada de Vanity Fair. Foto: Archivo ClarínAhora, a sus 44 años, tiene un patrimonio valuado en 50 millones de dólares. “Tuve un éxito que superó mis necesidades y no me sentía bien. Me preguntaba por qué había tenido esa infancia y todas esas experiencias, me cuestioné mucho cómo funciona el mundo”, manifestó.
“Nunca busqué el éxito, simplemente me llegó de repente. Lo único que quería era estar a salvo, poder vivir una vida normal y ayudar a mi familia. El éxito fue una gran sorpresa para mí y sentía que tenía que darle un sentido”, explicó.
Su casamiento a los 19 años con Justin Portman y otro amor inesperado
Su estatus le permitió frecuentar los eventos más elitistas del mundo. Durante una cena en el Centro Pompidou de París conoció al aristócrata y terrateniente británico Justin Portman, hijo de Edward Portman, el noveno vizconde de Portman.
Había una diferencia de edad de 13 años. Portman tenía 32 en aquel entonces y ella 19. Él estaba ebrio esa noche, se peleó con una persona durante la velada y Natalia se asustó.
Al día siguiente él se presentó personalmente para pedirle disculpas y le dijo que quería empezar de cero porque se había enamorado a primera vista.
Se casaron un año y medio después, en noviembre de 2001, cuando Natalia ya estaba embarazada de ocho meses de su primogénito, Lukas Portman.
Natalia Vodianova junto a su hijo Lukas, que en la actualidad tiene 26 años. Foto: IG @natasupernovaLuego fueron padres de su hija Neva y Viktor. Tras una década de matrimonio, la pareja se divorció en 2011 de manera discreta. La modelo confesó tiempo después que las principales razones de la ruptura fueron sus diferentes estilos de vida y la lucha de Portman contra el alcoholismo, a quien ayudó en su proceso de rehabilitación.
Recién separada y con tres hijos, que en ese momento tenían de 5, 9 y 15 años, comenzó un nuevo capítulo sin grandes expectativas. Lo que Natalia no sabía es que ella ya había conocido a su siguiente gran amor, cuando todavía estaba casada.
Tres años antes del divorcio, en 2008, había ido a una sesión de fotos para Louis Vuitton. Fue la protagonista de una importante campaña junto a Claudia Schiffer y Naomi Campbell.
Antoine Arnault, el hijo del multimillonario Bernard Arnault, supervisó aquella producción en su rol de director de comunicación de LVMH.
“Recuerdo que la vi y que me quedé boquiabierto; es bellísima, eso está claro, pero tiene algo que no se puede definir, una actitud ante la vida, hay toda una aura a su alrededor que es indescriptible”, confesó el empresario francés en una entrevista en exclusiva para Vanity Fair.
Arnault estaba de novio cuando la conoció, pero se separó al poco tiempo. Durante tres años no se volvieron a ver, hasta que supo que Natalia se había divorciado. Le mandó un mensaje, ella dijo en varias entrevistas que se sorprendió y no sospechaba de ningún interés romántico.
El francés de 49 años es el segundo hijo y el primogénito del magnate, fundador del imperio de LVMH, compañía que dispone de 75 marcas de lujo, entre ellas Louis Vuitton, Christian Dior, Tiffany & Co, Sephora y Moet & Chandon.
Antoine Arnault junto a su esposa, Natalia Vodianov. Foto: Reuters/Charles Platiau Según Forbes, Bernard Arnault, de 77 años, dispone de un patrimonio neto estimado de 190.000 millones de dólares. Se los considera una de las familias más ricas del planeta.
Antoine y Natalia tuvieron su primera cita en el verano europeo de 2012 y desde entonces no se separaron más. La pareja tuvo dos hijos, Maxim, de 11 años, y Roman, de nueve.
Se casaron en septiembre de 2020 en el marco de su octavo aniversario, con sus dos niños como testigos. “Sinceramente no tenía prisa por casarme después de haber pasado por un divorcio, pero el tiempo me demostró que esta relación es muy sólida”, reveló en vísperas de su boda, y confirmó que firmaron un acuerdo prenupcial.
Natalia Vodianova y Antoine Arnault formaron una pareja icónica del mundo de la moda. Foto: IG @natasupernova“El aspecto financiero puede ser la parte más dolorosa de una relación y cuando construís un amor para toda la vida hay que discutir todos los posibles escenarios”, aseguró.
“Si se aman, querrán amarse incluso si se separan, y la mejor manera es tener un acuerdo sólido establecido, porque así permanecen juntos por las razones correctas”, explicó Vodianova.
Actualmente la modelo espera su sexto bebé, el tercero con Arnault. Embarazada a los 44 años, anunció que será madre nuevamente en la portada de Vogue en Francia.
La numerosa familia vive en una casa con vistas a la Torre Eiffel en un lujoso edificio. Sin embargo, Natalia asegura que llevan un estilo de vida sencillo.
“Nosotros no compramos demasiado. Ni siquiera en cuanto a la ropa, solo hacemos compras esenciales una vez al año, un par de vaqueros, un par de camisas, algo de abrigo y ya está”, aseguró.
Sanar a la niña que no tuvo nada para que a otras no les falte
Hay un hilo conductor en todas las entrevistas que brindó en las últimas dos décadas: la Fundación Naked Heart (Corazón Desnudo), que creó cuando tenía 22 años, y siempre dice que esa decisión la salvó de torcer su vida hacia lugares oscuros.
La organización sin fines de lucro de Vodianova apoya a las familias de niños y jóvenes con trastornos del espectro autista (TEA), síndrome de Down, parálisis cerebral y otras necesidades especiales a través de la educación, la defensa de sus derechos y la creación de espacios de juego inclusivos.
“Al fundar Naked Heart canalicé todos los recursos para la niña que metafóricamente dejé atrás, asegurándome de que otras familias tengan herramientas integrales para criar a un niño con necesidades especiales, algo que nosotros no tuvimos. Pudimos brindárselo a más de 20.000 niños”, manifestó orgullosa.
Así empezó su actividad en la filantropía, una faceta que mantiene muy activa desde entonces. Su hermana Oksana fue la inspiración de la fundación que creó en 2004.
“Esta industria puede obligarte a centrarte en cosas que no son importantes, como tu apariencia, los “me gusta” y los comentarios de personas que ni te conocen. Todo se vuelve irrelevante, todo parece ruido y tu atención se desvía”, explicó.
Natalia Vodianova en la edición London Fashion Week de 2018. Foto: AP “Sueño con construir una sociedad inclusiva y abierta a personas con discapacidades y necesidades especiales. La fundación tiene como objetivo combatir el estigma de la discapacidad y brindar contención para que ningún padre se sienta presionado a abandonar a un hijo con discapacidad”, remarcó.
Cada 2 de abril, cuando se conmemora el Día Mundial de Concientización sobre el Autismo, la modelo publica mensajes en sus redes sociales.
“Los niños con autismo nacen en todas partes, independientemente de la ubicación geográfica, la clase social y el contexto de cada familia”, escribió en 2026.
Natalia Vodianova es modelo, filántropa y espera su sexto hijo. Foto: IG @natasupernova“Las últimas estadísticas de a Red de Vigilancia del Autismo y las Discapacidades del Desarrollo (ADDM, por sus siglas en inglés) muestran que uno de cada 36 niños recibe un diagnóstico de autismo en Estados Unidos. ¡Es una cifra altísima!”, manifestó.
“Nunca es fácil para los padres criar hijos con necesidades especiales, pero ni siquiera puedo imaginar lo difícil que debe ser para quienes, junto con sus hijos autistas, se encuentran en zonas de conflicto armado en todo el mundo”, lamentó.
En cada desfile también hace todo lo posible para generar conciencia. “Ver a una mujer con parálisis cerebral en la portada de una revista o a los atletas paralímpicos celebrados en la moda es increíble”, aseguró.
“Me fascinan las representaciones de un tipo diferente de belleza. Me llega al corazón y estoy muy agradecida a mi industria por haber abrazado este hermoso cambio”, indicó.
En plano personal está a punto de convertirse en madre por sexta vez. En diálogo con la revista Vogue confesó que compaginar la maternidad con la agenda profesional y la labor social fue un proceso con altibajos.
“A veces mis hijos se quejaban porque yo viajaba por mi trabajo, aunque les explicaba porqué me iba no lo entendían del todo, pero ahora que todos son más grandes comprendieron mi vida y es emocionante cuando un hijo te dice que te admira”, confesó.
“La mejor educación es con el ejemplo. No soy una madre perfecta ni mucho menos, pero intenté darles estabilidad a mis hijos, que es lo que a mí me faltó”, sostuvo.
Natalia Vodianova la presentación de la colección de otoño verano en 2024 en París. Foto: APVodianova también es Embajadora de Buena Voluntad de las Naciones Unidas. Dentro de ese rol se propone derribar tabúes y promover la salud de las mujeres y la igualdad de género.
“Tener hijos fue lo que realmente me abrió los ojos sobre la gran cantidad de mejoras que hay que hacer en materia de educación sexual integral; quiero ayudar a que el mayor número posible de niñas y niños tenga acceso, para que tomen decisiones informadas, enseñándoles a protegerse”, explicó.
“Nunca siento que estoy haciendo lo suficiente, pero sé que nunca será suficiente. Siento una gran responsabilidad de contribuir a la sociedad, hago lo mejor que puedo y busco el equilibro porque sino no me quedaría nada que ofrecer a mi familia”, expresó.
Muchas veces le preguntan cómo hizo para transformar radicalmente su vida y le piden consejos sobre cómo alcanzar el éxito. Su sinceridad vuelve a aflorar en cada reportaje.
En una entrevista con Fashion Book dijo: “Hay un dicho popular que dice: ‘El dinero no da la felicidad, pero solo los ricos lo saben’. Cuando sos pobre, no tenés tiempo para pensar en el futuro, no sabes qué vas a comer mañana; y cuando sos rico, sí pensás en el futuro, pero es más difícil concentrarse y fijarse metas”.
“Fui pobre y fui rica, y puedo asegurarles que el dinero no da la felicidad. Creo que ese es mi mejor consejo es el siguiente: ‘No imiten el ejemplo de nadie, sean valientes y busquen su propio camino'”, expresó.
“Si sienten alguna vocación, es por una razón. Las cosas más importantes de nuestras vidas son así. Tenemos que dar saltos de fe porque nunca podemos equivocarnos si estamos tratando de hacer algo bueno. Si constantemente perseguís la oportunidad, incluso durante tus errores estás en el camino correcto”, concluyó.
Fuente: www.clarin.com



