Ana Galán, psicóloga: “Si te despiertas a las tres de la madrugada pensando en los problemas, no es porque haya aparecido uno nuevo, sino porque tu cerebro lleva tiempo en alerta”

Las vacaciones suelen ser el momento más esperado del año. Después de meses de trabajo, obligaciones y un ritmo frenético, llegan como la oportunidad perfecta para desconectar, descansar y recargar energías.
Sin embargo, no siempre ocurre así. Para muchas personas, justo cuando el cuerpo por fin baja el ritmo, aparecen la ansiedad, el insomnio o una sensación de malestar difícil de explicar.
Despertarse de madrugada con la mente acelerada, sufrir un ataque de pánico en la playa o sentirse más inquieto en el sofá de casa que en plena jornada laboral son situaciones más habituales de lo que parecen.
La psicóloga Ana Galán, especializada en ansiedad y gestión emocional y miembro del Colegio Oficial de Psicología de la Comunidad Valenciana, asegura que este fenómeno tiene una explicación y es que durante meses el cuerpo sostiene un estado de alerta constante y es precisamente cuando dejamos de estar ocupados cuando empieza a liberar todo el estrés acumulado.
En conversación con La Vanguardia, la experta analiza por qué vivimos “anestesiando” nuestras emociones a través de la hiperactividad, qué ocurre en nuestro sistema nervioso cuando por fin descansamos y qué podemos hacer si la ansiedad aparece justo en el momento en el que más esperábamos disfrutar.
Ana Galán, psicóloga especializada en ansiedad. Foto: Ana Galán/La Vanguardia“Cuando vivimos con estrés continuado, el cuerpo entra en modo de alerta”
-¿Por qué la ansiedad aparece justo cuando por fin descansamos?
-Porque el cuerpo no reacciona a lo que pasa hoy, reacciona a lo que ha ido acumulando durante semanas o meses de activación constante como obligaciones, decisiones, prisas, exigencia. Mientras esa exigencia sigue ahí, el organismo prioriza aguantar y seguir funcionando.
El malestar no desaparece, simplemente se queda en un segundo plano porque no hay espacio para atenderlo. Cuando llegan las vacaciones y baja el ruido externo, ese espacio se abre de golpe, y ahí es cuando el cuerpo empieza a soltar lo que llevaba tiempo sosteniendo como tensión muscular, cansancio, palpitaciones, pensamientos que no habían tenido hueco.
-Sí, más de lo que la gente cree. Se le llama ansiedad inducida por la relajación. No es que el descanso provoque el malestar, es que por fin deja de taparlo. Es un patrón parecido al que se ha descripto en algunas personas que sufren migrañas justo el fin de semana o al empezar las vacaciones, cuando baja bruscamente el nivel de estrés que venían sosteniendo.
Y también está documentado que algunas personas, sobre todo con tendencia a la ansiedad, pueden sentirse peor precisamente al intentar relajarse.
-¿Qué le pasa exactamente al cuerpo después de mucho tiempo de estrés sostenido?
Cuando vivimos con estrés continuado, el cuerpo entra en modo de alerta y se activa el sistema nervioso simpático y empieza a liberar cortisol. Y eso, en sí mismo, no es el problema. Es completamente normal y necesario. El problema aparece cuando se quedan activados durante demasiado tiempo sin apagarse. Un cuerpo que lleva meses en alerta no sabe desconectar solo porque haya terminado la última reunión del año.
El sistema nervioso no distingue entre “ya no hay amenaza” y “he terminado mis tareas”; necesita tiempo y señales claras para entender que ya puede bajar la guardia. Por eso, mucha gente llega al primer día de vacaciones esperando sentirse relajada al instante, y en cambio se encuentra con taquicardia, opresión en el pecho o una inquietud que no sabe de dónde viene.
-¿Y los despertares a las tres o cuatro de la madrugada, con la cabeza a mil?
-Despertarse de madrugada no siempre es una señal de alarma en sí misma. A esas horas el sueño ya es más ligero de forma natural y el cuerpo empieza a prepararse para despertar; el cortisol, de hecho, tiene un ritmo propio a lo largo del día y empieza a subir hacia la mañana.
Lo que cambia en una persona con estrés acumulado es que ese proceso se amplifica: el sistema nervioso está más sensible, el sueño se rompe con más facilidad y un simple microdespertar se convierte en un despertar completo, con palpitaciones y la mente ya buscando algo de qué preocuparse.
La investigación relaciona un insomnio más grave con niveles más altos de cortisol por la mañana y peor calidad del sueño en general. Si te despiertas a las tres de la madrugada pensando en los problemas, no es porque haya aparecido uno nuevo, sino porque tu cerebro lleva tiempo en alerta y aprovecha el momento más vulnerable del sueño para ponerse a buscar amenazas.
Muchos sientes ansiedad y estrés aún en tiempos de descanso. Foto: IA/Gemini. Foto: IA/Gemini“Vivimos en la era de la anestesia emocional”
-¿Estamos anestesiando emociones mientras estamos ocupados?
-Vivimos en la era de la anestesia emocional. Hemos convertido el estar ocupados en una forma de no sentir. Cuando estamos ocupados todo el día, el cerebro prioriza lo urgente como trabajar, responder, resolver, cuidar de todo… Y eso no deja espacio para sentir lo que hay debajo. No es que la emoción espere su turno, es que directamente no llega a sentirse.
Y ahí está la trampa: la anestesia no soluciona nada, solo bloquea la señal mientras dura el efecto. En cuanto paras, en cuanto baja el ritmo, ese efecto se va agotando, y lo que llevaba ahí todo este tiempo, como la tristeza, el cansancio, el miedo, las dudas que no habíamos querido mirar, empieza a notarse otra vez.
La ocupación constante funciona como un parche que alivia a corto plazo, pero que a largo plazo solo consigue que el sistema nervioso siga acumulando lo que nunca llegó a soltar.
-¿Cuándo deja de ser cansancio normal y hay que pedir ayuda?
-Cuando el malestar empieza a repetirse, cuando limita lo que la persona puede hacer, o cuando aparece miedo al propio cuerpo.
Ansiedad frecuente, ataques de pánico que se repiten, despertares continuos, sensación de alerta permanente, pensamientos intrusivos, evitar planes por miedo a encontrarse mal, llorar con facilidad, no poder disfrutar de nada o necesitar estar siempre ocupada para no sentir: todo eso son señales de que ya no hablamos de cansancio puntual, sino de un sistema nervioso desbordado.
La señal más clara suele ser cuando la persona empieza a organizar su vida alrededor del miedo, cuando deja de hacer planes por si le da ansiedad, o evita parar porque teme encontrarse peor si lo hace.
-¿Qué se puede hacer si la ansiedad aparece justo en vacaciones o en momentos de calma?
-Lo primero es soltar la idea de que “debería estar disfrutando”, porque esa frase añade una capa extra de sufrimiento y es la ansiedad de tener ansiedad. El objetivo no es forzarse a pasarlo bien, es ayudar al cuerpo a sentirse seguro otra vez, y eso lleva su tiempo.
Ayuda mantener cierta rutina de sueño, comida y movimiento en lugar de pasar de cien a cero de golpe; introducir el descanso poco a poco, moverse con suavidad, reducir estimulantes si hay mucha activación, practicar respiración lenta o grounding sin convertirlo en una exigencia más, dejar ratos sin pantalla y escribir lo que va apareciendo para sacarlo de la cabeza.
En una persona con estrés acumulado, el sueño se rompe fácilmente. Foto: Archivo-¿Qué más nos está diciendo esa ansiedad?
-El mensaje no es que seas incapaz de disfrutar. El mensaje real suele ser que tu cuerpo lleva demasiado tiempo sosteniendo más de lo que podía procesar. Y ahí el trabajo no es solo descansar unos días, es aprender a regular el sistema nervioso y revisar el ritmo de vida que llevaba tapando todo esto.
Y sobre todo, no llenar las vacaciones de planes solo para no tener que sentir (descansar no es seguir tachando checks de una lista).
Por Judit González Pernías, La Vanguardia.
Fuente: www.clarin.com



