Ryūnosuke Akutagawa, escritor japonés: “La vida de un hombre no vale una sola línea de Baudelaire”


Del gran semillero de talentosos escritores japoneses, Ryūnosuke Akutagawa (1892-1927) tiene un valor especial por ser considerado como el “padre de los cuentos” de aquel país. Su figura fue una de las voces más influyentes de la primera mitad del siglo XX.

Se le atribuye una frase que podría ser de muchos autores de su generación neorrealista de finales de la Primera Guerra Mundial: “La vida de un hombre no vale una sola línea de Baudelaire“, mostrando una admiración por el poeta francés Charles Baudelaire, considerado pionero de la poesía moderna.

Junto a contemporáneos como Natsume Sōseki y Mori Ōgai, Akutagawa fue uno de los primeros en intentar fusionar la tradición literaria japonesa con la europea, modernizando la narrativa del país nipón sin renunciar a sus raíces.

En su honor existe el Premio Akutagawa, considerado como uno de los más prestigiosos de Japón. Como otros escritores japoneses tales como Yukio Mishima o Yasunari Kawabata, Akutagawa se suicidó joven, a los 35 años de edad.

“La vida de un hombre no vale una sola línea de Baudelaire”: qué significa la frase de Ryūnosuke Akutagawa

La mayoría de sus obras fueron cuentos cortos pero profundos, que reflejaron su interés por la vida del Japón feudal y exploran la naturaleza humana desde una perspectiva psicológica.

Su vida estuvo marcada por los problemas familiares. Su madre padecía psicosis severa desde que él nació, y murió cuando el escritor era un niño. Fue adoptado por un tío, de quien adoptó el apellido y lo crio.

Pero fue su tía política, Fuki, quien le provocó daño en la infancia al decirle reiteradas veces que él padecía la misma enfermedad que su madre. Esto último lo marcó y traumatizó, siendo un niño nervioso e inseguro.

Entre sus obras más conocidas están “Rashōmon” (1915), “En el bosque” (1922) -texto base del célebre film de Akira Kurosawa– y “Vida de un loco” (1927).

La frase a la que hace mención el título de este texto demuestra que Charles Baudelaire ejerció sobre él una influencia única, por más que Akutagawa era un prolífico lector de textos locales e internacionales explorando a diversos autores.

El escritor japonés vivió obsesionado con la perfección estilística, tal como lo hizo el francés. Dueño de un estilo oscuro, forjó una pluma en la que se podía sentir la tensión entre el arte y la destrucción.

Para este y su historia, pesada como una mochila, su cotidianidad podía resultar insoportable muy a menudo. Era un territorio hostil dominado por la locura hereditaria y el fantasma de la demencia que estaba sembrado en su mente. Por eso, la vida era vista como algo inferior al arte, que trasciende.

Para Akutagawa, ningún hombre valía más que el arte de Baudelaire, que tanto lo inspiró y ayudó en sus días oscuros. La literatura para este era una justificación para existir y no un oficio. El arte era superior a la imperfección mortal de los seres humanos.

Esta idea terminó por consumirlo, y prefirió quitarse la vida acosado por alucinaciones y el insomnio crónico. El miedo a perder la razón llevó a Akutagawa a planificar su propio final, de manera de poder controlarlo.

Fuente: www.clarin.com

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