Nuria Roure, psicóloga experta en sueño: “¿Por qué a partir de los 45 años te despiertas antes? Esto es una cuestión de nuestro ritmo circadiano”


Con el paso de los años, muchas personas notan que empiezan a acostarse antes y, sobre todo, que se despiertan mucho más temprano sin necesidad de poner el despertador. Lejos de ser una simple impresión, este cambio tiene una explicación biológica relacionada con el funcionamiento interno del organismo.
Así lo explica la psicóloga experta en sueño Nuria Roure, quien señala que este fenómeno está estrechamente ligado al ritmo circadiano y a la producción de melatonina, la hormona encargada de regular el ciclo del sueño.
En una de sus publicaciones en redes sociales, Roure responde a una duda muy frecuente entre los adultos.
“¿Por qué a partir de los 45 años te despiertas antes? Mucha gente a partir de los 45 años siente que su sueño le aparece antes y que se despiertan también mucho antes. Esto es una cuestión de nuestro ritmo circadiano, la hormona de la melatonina, que es la que nos ayuda a empezar a dormir”, explica.
Según la especialista, el llamado cronotipo, es decir, la tendencia natural del organismo a dormir y despertarse a determinadas horas, va cambiando a lo largo de la vida.
En un adulto con un cronotipo considerado normal, el sueño suele aparecer alrededor de las 23:00 y el despertar se produce aproximadamente a las 7:00 de la mañana. Sin embargo, durante la adolescencia ese reloj biológico se retrasa.
“En el caso de los adolescentes, el sueño viene mucho más tarde, alrededor de las 12 o la 1, y se despertarían a las 9 de la mañana”, señala. Con el envejecimiento ocurre justamente lo contrario.
“A medida que nos vamos haciendo mayores, ese cronotipo más retrasado se va avanzando, con lo que llegamos a dormir mucho antes; sobre las 9 y media o las 10 es posible que ya nos venga el sueño y, en cambio, a las 5 y media ya estemos con unos ojos como platos”.
Para Roure, intentar mantener los mismos horarios de sueño que se tenían en la juventud puede perjudicar la calidad del descanso.
“Si nos empeñamos en tener un cronotipo más avanzado, ya sea por nuestra edad o por una cuestión genética y queremos hacer esos horarios como cuando éramos jóvenes, eso hará que nosotros no durmamos en unas condiciones idóneas y que nuestro sueño no sea tan reparador”.
Por ello, recomienda adaptar progresivamente la rutina de descanso a los cambios naturales del organismo, en lugar de luchar contra ellos.
Los especialistas recomiendan que la mayoría de los adultos duerma entre siete y ocho horas cada noche, aunque también es importante que ese descanso sea continuo y de calidad, sin interrupciones frecuentes.
Las necesidades de sueño cambian a lo largo de la vida. Por ejemplo, los bebés de entre 4 y 12 meses necesitan descansar entre 12 y 16 horas por cada 24 horas, mientras que en la edad adulta las horas requeridas son menores.
Dormir poco o descansar mal de forma habitual puede tener consecuencias importantes para la salud. Entre los efectos más frecuentes se encuentran un aumento de la ansiedad y la irritabilidad, una disminución de la creatividad, la productividad y la libido, además de un mayor riesgo de desarrollar enfermedades como obesidad, hipertensión, diabetes o problemas cardiovasculares.
Por ello, comprender cómo evoluciona el ritmo circadiano con la edad y adaptar los hábitos de descanso puede convertirse en una herramienta clave para mejorar la calidad del sueño y el bienestar general.
Fuente: www.clarin.com



