Tenía 8 años, salió a jugar con sus amigas y horas después encontraron partes de su cuerpo en un campo: así fue el crimen de Fanny Adams

A fines de agosto de 1867, el pueblo inglés de Alton era el tipo de lugar en el que las madres podían ver a sus hijos doblar una esquina y asumir que volverían a la hora de la cena. No era una gran ciudad, no había historias de secuestros ni asesinatos que circularan de boca en boca y la vida giraba alrededor de los campos de lúpulo que abastecían a las cervecerías de la región.

En ese escenario de rutina rural y aparente tranquilidad vivía Fanny Adams, una nena de ocho años que era conocida por todos.

Era alta para su edad, buena alumna, extrovertida y querida por vecinos y familiares. Le gustaba ayudar en su casa, visitar a sus abuelos y pasar las tardes jugando con Minnie Warner, su mejor amiga, con quien parecía inseparable.

El 24 de agosto de 1867, nada indicaba que aquella tarde de verano terminaría convirtiéndose en una de las páginas más oscuras de la historia criminal británica.

Un paseo eterno

Ese sábado, Funny jugaba junto a Minnie y a su hermana menor, Lizzie, cuando decidieron pedir permiso para ir a un prado cercano. Era un lugar habitual para los chicos del pueblo y estaba a poca distancia de sus casas, por lo que Harriet Adams, la madre de Fanny, no vio motivos para negarse.

Mientras caminaban hacia el campo, se cruzaron con Frederick Baker, un hombre de 29 años que llevaba apenas unos meses viviendo en Alton. Trabajaba para un abogado local, asistía a la iglesia y tenía una apariencia respetable. Las niñas lo conocían de vista y no parecía representar una amenaza.

Retrato de Frederick Baker en The Illustrated Police News (1867). Foto: Wikipedia

Baker comenzó a conversar con ellas y les ofreció moras. Después intentó convencer a Fanny de que se quedara sola con él para dar un paseo. Cuando la niña rechazó la propuesta, recurrió al dinero. Primero le ofreció medio penique a ella y medio a Minnie y Lizzie para que fueran a comprar golosinas y lo dejaran a solas con Fanny. No funcionó.

Entonces recurrió a algo que, incluso para los estándares de la época, resultó extraño. Baker levantó a Fanny en brazos y se la llevó contra su voluntad mientras las otras dos niñas observaban sin saber cómo reaccionar

Minnie y Lizzie corrieron inmediatamente a contarle lo sucedido a Harriet, pero la mujer no se alarmó demasiado. En un pueblo donde nunca había pasado algo parecido, la posibilidad de un secuestro parecía tan absurda que pensó que todo debía de alguna confusión o una broma.

Horas después descubriría que aquel fue el peor error de su vida…

Cuando llegó la tarde y Fanny seguía sin aparecer, Harriet comenzó a preocuparse seriamente. Junto a una vecina, salió a buscar a la niña y, durante el recorrido, se encontró con Frederick Baker. El hombre aseguró que únicamente les había dado dinero a las niñas para comprar golosinas y que la última vez que había visto a Fanny, estaba jugando con sus amigas.

Su trabajo y su posición social le daban cierta credibilidad, por lo que nadie pudo acusarlo de nada en ese momento. Sin embargo, cuando cayó la noche y la niña seguía desaparecida, los vecinos organizaron una búsqueda colectiva por los campos cercanos.

Fue entonces cuando uno de los voluntarios hizo un descubrimiento que marcaría para siempre la historia de Alton.

Illustrated Police News retrató a Fanny Adams. Foto: Wikipedia.

Entre los postes de un campo de lúpulo encontró restos humanos. Al acercarse, comprendió que pertenecían a una niña y que habían sido abandonados de una manera tan violenta que quedaron todos conmocionados. No había dudas de la identidad de la menor, la única desaparecida era Fanny Adams.

La noticia destrozó a la familia. Harriet se desplomó mientras intentaba avisar a su marido y George Adams reaccionó agarrando una escopeta para salir a buscar personalmente al responsable. Fueron los propios vecinos quienes lograron detenerlo antes de que intentara hacer justica por mano propia.

Durante los días siguientes, prácticamente todo el pueblo colaboró en la búsqueda de evidencias. Los investigadores recuperaron la ropa de Fanny dispersa por el campo, hallaron partes del cuerpo que todavía faltaban y encontraron que en una de las manos de la niña seguían apareciendo los dos medio peniques que Frederick Baker le había dado horas antes.

La policía fue a buscar al principal sospechoso

Para sorpresa de los agentes, Baker seguía en su oficina cuando fueron a buscarlo. Negó cualquier participación en el crimen, pero las inconsistencias comenzaron a acumularse rápidamente. Llevaba dos cuchillos pequeños, tenía manchas de sangre en su ropa y sus pantalones parecían haber sido lavados recientemente.

Además, los compañeros de trabajo confirmaron que había estado ausente durante el período que ocurrió el asesinato.

Sin embargo, apareció una evidencia comprometedora. Los investigadores encontraron su diario personal y una anotación fechada el mismo día del crimen que decía: “Maté a una chica joven. Hacía un día bueno y caluroso”.

Baker intentó explicar aquella frase diciendo que estaba borracho cuando escribió la entrada y que simplemente se refería a la noticia de una niña asesinada, pero la explicación convenció a pocos.

Meses después, apareció un nuevo testigo. Un chico llamado Alfred Binns declaró haber visto a Baker cubierto de sangre junto al río, lavándose y manipulando dos cuchillos. Mientras tanto, los análisis forenses realizados en Londres confirmaron que la sangre encontrada en una de las armas era humana.

Los especialistas también concluyeron en que los cuchillos no habían sido las únicas herramientas utilizadas durante el crimen.

Minnie Warner y Lizzie Adams al lado de la tumba de Fanny Adams. Foto: History Answers.

La defensa intentó sostener que Baker padecía trastornos mentales graves. Existían antecedentes familiares de enfermedad psiquiátrica y el propio acusado había atravesado episodios preocupantes en el pasado. Aún así, los médicos determinaron que estaba en condiciones de comprender sus actos y enfrentar un juicio.

El proceso judicial comenzó el 5 de diciembre de 1867. Minnie Warner relató cómo el acusado se había llevado a Fanny en brazos, la madre de la niña recordó el encuentro que tuvo con él cerca de la escena del crimen y varios testigos reconstruyeron sus movimientos durante aquella tarde.

Frederick Baker fue declarado culpable y condenado a morir en la horca. Poco antes de su ejecución, escribió una carta dirigida a los padres de Fanny en la que expresaba arrepentimiento por lo que había hecho y les pedía perdón. El 24 de diciembre de 1867 fue ejecutado frente a una multitud de cinco mil personas.

Fuente: www.clarin.com

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