Los cerebros de dos personas se sincronizan cuando bailan tango, según un estudio


Un equipo de investigadores de la Universidad de Colorado Boulder demostró por primera vez que el tango argentino provoca un fenómeno conocido como “acoplamiento intercerebral”: cuando dos bailarines se mueven al unísono, la actividad eléctrica de sus cerebros comienza a parecerse de manera notable. El hallazgo abre una puerta inesperada hacia el estudio de la coordinación humana en actividades que van desde la música hasta los deportes de equipo.
El experimento fue liderado por Thiago Roque, estudiante de posgrado del Instituto ATLAS de CU Boulder. Para el estudio, el equipo colocó gorros de electroencefalograma —dispositivos que miden la actividad eléctrica cerebral— sobre las cabezas de cinco parejas de bailarines experimentados de tango.
Además de los sensores cerebrales, los participantes usaron detectores de movimiento en los tobillos para que los investigadores pudieran registrar con precisión cada paso, según detalló la institución en un comunicado. “Cuando bailamos, nuestros cerebros se están acoplando. Estamos sincronizando nuestros cerebros a través de nuestro comportamiento”, explicó Roque.
El tango argentino resultó ser un escenario ideal para este tipo de investigación. A diferencia de otras danzas, el tango rara vez está coreografiado: las parejas improvisan sus pasos en tiempo real y se comunican mediante señales sutiles, como una leve presión en la mano o un desplazamiento del torso. Esa dinámica de líder y seguidor, sin palabras de por medio, convierte al tango en un laboratorio natural para estudiar la coordinación no verbal entre personas.
Cuando las neuronas se activan, generan pulsos de actividad eléctrica llamados “ondas cerebrales”. Los equipos de electroencefalograma miden esas ondas en distintas frecuencias. Las ondas beta, por ejemplo, son rápidas y aparecen cuando una persona se concentra o piensa con intensidad. Las ondas theta son más lentas y suelen surgir en estados de relajación.
Los datos del experimento mostraron un patrón claro: cuando el líder daba un paso hacia adelante y el seguidor respondía en menos de 200 milisegundos, las ondas cerebrales de ambos tendían a alinearse, subiendo y bajando casi al mismo tiempo. Cuando los pasos se desincronizaban, los cerebros también lo hacían. El fenómeno se observó en múltiples tipos de ondas, incluyendo las beta y las theta.
“Cuando empecé a ver los resultados, eran perfectos. El acoplamiento fue incluso mejor de lo que esperaba”, señaló Roque.
Ruojia Sun, coautora del estudio y una de las bailarinas participantes, practica tango desde que llegó a Boulder hace cinco años. Para ella, el baile siempre fue una forma de comunicación silenciosa y profunda con otra persona. Participar del experimento le permitió ver esa experiencia desde el lado de los datos.
“Es una manera realmente interesante de conectarse con otro ser humano”, dijo Sun, quien obtuvo una maestría en tecnología creativa y diseño en CU Boulder en 2024.
El equipo fue un paso más allá del análisis cerebral y diseñó una pulsera capaz de leer las ondas cerebrales de los bailarines en tiempo real y vibrar cuando estas se sincronizan. Sun probó el dispositivo con su pareja de tango habitual: la pulsera vibraba de forma intensa al producirse la sincronización.
Según ella, esa señal no fue una distracción sino una amplificación de algo que ya sentía. “Casi realzó esa sensación de conexión”, dijo Sun.
Roque aún planea ajustar la configuración del dispositivo para que funcione a la inversa: que vibre cuando los bailarines están desincronizados y guarde silencio cuando se alinean, convirtiendo la herramienta en un sistema de entrenamiento. “En los deportes, necesitas saber qué va a hacer tu compañero de equipo. Con un sistema como este, podrían aprender mejor a entenderse durante el entrenamiento”, explicó Roque.
Fuente: www.clarin.com



