Miryam Piqueras, médica especialista en adultos mayores: “La rigidez y el dolor de la artrosis asociados al frío pueden mejorarse al romper un círculo de errores”


Los meses de otoño e invierno -con el combo adverso de bajas temperaturas y alta humedad– resultan absolutamente desventajosos para las personas con artrosis.
Para salir de este estado, la médica española especialista en adultos mayores Miryam Piqueras pone el foco en los motivos disparadores y un necesario ajuste en el estilo de vida.
Sucede que, como explica una nota del sitio Efe Salud, durante las épocas de frío las personas que tienen esta condición notan un empeoramiento de los síntomas. Esto se ve especialmente en una mayor rigidez al levantarse o dolor al iniciar el movimiento. Los siguientes pasos son la baja total de la actividad y ciclos de molestias que no ceden.
La razón está en que “los cambios de temperatura y de humedad influyen en cómo las articulaciones gestionan la inflamación y el sistema nervioso interpreta el dolor, explica la médica reumatóloga María Andreina Terán del Hospital Universitario Sanitas Virgen del Mar.
“En estos momentos del año, se observa en las personas con artrosis menor elasticidad de los tejidos y una percepción más intensa de las molestias”, agrega la doctora.
A tal punto llegan las dolencias que los esfuerzos habituales, como subir escaleras o caminar por la calle, pueden desencadenar el dolor y llevar a una inmovilidad.
“El clima invita a quedarse en casa y a estar más tiempo sentados. En pacientes con dolor articular, especialmente en la población mayor, esto implica menos estabilidad muscular y más rigidez”, completa Terán.
La salida: “Romper este círculo vicioso con ajustes cotidianos en los hábitos erróneos”, resume Miryam Piqueras.
La ropa térmica de texturas livianas de última generación, los guantes y las medias de lana ayudan a mantener una temperatura estable en manos, rodillas y pies. La regla imbatible: si las articulaciones se mantienen calientes, se mueven con más facilidad y están menos rígidas para caminar.
Las mini rutinas de ejercicios de movilidad articular en brazos y piernas y el reacomodamiento de la columna durante el día evitará la inmovilidad que surge después demasiadas horas seguidas en posición sentada. “La constancia muchas veces resulta más eficaz que los esfuerzos marcados”, completa Piqueras.
Unos minutos de secuencias de movilidad de hombros, caderas y rodillas prepararán la musculatura y las articulaciones para afrontar la temperatura ambiente, Además, llevarán a disminuir la sensación de tirantez y las molestias que surgen al iniciar el movimiento.
En los días de frío intenso y humedad elevada, la clave estará en alternar períodos de actividad con pausas breves de descanso. El objetivo consiste en seguir en movimiento sin llegar a desencadenar un dolor intenso y mantenido.
“La meta muchas veces no es eliminar el dolor si no hacer que resulte manejable y compatible con una vida activa”, finaliza Piqueras.
Fuente: www.clarin.com



