Scaloni con Olé: los consejos de su padre y qué fue “tsunami post Mundial” :: Olé


Si alguien creía en que Lionel Scaloni iba a ser el entrenador de la Selección era su propio padre. Apenas dirigía infantiles en Mallorca y ya lo veía para el el DT de Argentina. En un mano a mano con Olé, cuenta los consejos de su papá, lo que heredó de él, y confesó que no le fue fácil el efecto post Mundial.
-¿Tu papá te decía: “Cómo no vas a agarrar la Selección”?
-Mi papá es un tipo que no le tiene miedo a nada. A cero. Hace 12 o 15 años decía: “Leo alguna vez va a entrenar a la Selección Argentina”. Creo que estaba dirigiendo en Mallorca a los chiquitos. Y en esa época ya estaba con eso. Él nunca le tuvo miedo a nada. Y yo un poco de eso heredé de él. Y sobre todo porque creo que me sentía, no digo preparado para conseguir todo esto, pero sí para afrontar la situación y hacerlo con total responsabilidad. Y después de haber estado mucho tiempo acá, de haber pasado por Juveniles, uno va entendiendo lo que es jugar con esta camiseta y cómo los jugadores van progresando con vos y te van dando una mano porque, al final, le demos la vuelta que le demos, lo que más claro tiene que estar es que los que juegan son los jugadores. El entrenador es el que tiene el papel menos importante acá. Volviendo a lo de mi viejo, siempre fue un tipo muy positivo. Yo le decía: “Papá, no sé, el domingo jugamos con tal”. Y él me respondía: “No tengas miedo, no pasa nada, dale para adelante”. Bien tipo de campo. Y ese “dale para adelante” resumía un montón de cosas: que no tuviera miedo, que si perdés no pasa nada, al otro día te levantás y seguís.
El entrenador de la Selección Argentina habló a solas con Olé en la previa al Mundial 2026 y por el festejo de los 30 años de Olé, y confesó que su papá decía algo que terminó siendo profético: “Leo algún día va a entrenar la Selección Argentina”
-Fue una cultura que mamaste, porque ya cuando jugabas en Newell’s ibas e ibas para adelante.
-Siempre, en los grupos en los que estuve, era el que animaba al grupo. Cuando había una mala cara intentaba hablar con alguno. Siempre fui muy extrovertido. Y sí que lógicamente eso lo heredás. Mi viejo venía de Córdoba cargado de piedras, paraba en Pujato y nos buscaba y nos llevaba a entrenar a Rosario. Vos sabías el esfuerzo que hacía tu viejo y era el primero que te buscaba para salir. Tenía más ganas él que nosotros de entrenar. Eso te va marcando. ¿Si yo alguna vez quería no ir? Diría que nunca. Mi hermano era un poco más quedado, era más grande y había que ir a buscarlo a la casa de la novia, pero yo era un loco y lo seguía a todos lados a mi viejo. Era la ilusión que él tenía. Hoy eso está mal visto: el padre que está atrás y le dice al nene que vaya a jugar. Los tiempos han cambiado, pero eso creo que tendría que seguir: tener un papá que te apoye, que te aporte cosas, que te saque los miedos que podés llegar a tener. Sin él no hubiéramos llegado ninguno de los dos a jugar ni siquiera en Primera División.
-¿Tu viejo te reta igual que cuando eras chico?
-Je, no. Ahora mi papá ya está grande, pero no, la esencia es la misma. Su fuerza de voluntad, con todos los problemas que ha tenido… Sigue siendo un guerrero, está ahí dándole guerra a la vida y eso que te demuestra nos sigue dando esa fuerza a todos. No va a cambiar. Y yo intento que mis hijos no cambien, que sean así, más allá de que hayan nacido en España. Intentamos que sepan lo que es nuestra cultura, nuestra manera de ser y creo que se sienten muy identificados. Salieron un poco como nosotros éramos de chiquitos.
-Tu imagen en Navidad, sentado en la vereda del pueblo. Más allá de la viralización en las redes, la imagen es de la naturalidad pura.
-Si vivís en un pueblo, sabés que eso es lo que hay en el pueblo. Vos estás sentado ahí afuera, pasa la gente y te saluda. Es que no entiendo por qué tendría que cambiar. Esa es la realidad, ¿por qué no? ¿Por qué cuando pasó lo del Mundial tenía que haber cambiado? Intenté seguir siendo el mismo y creo que fue mejor, porque si me refugiaba iba a ser todavía peor de lo que pasó. Entonces, siendo lo que soy, después del Mundial venían a casa, hacían cola y yo salía a firmar. Pero mi casa es una casa de pueblo. Estás ahí, tocan la puerta, se asoman por la cortina y es así. Resume un poco lo que somos como familia y creo que a la Argentina también la identifica un poco al final. Somos así.
-A días de empezar el Mundial, ¿cuánto disfrutaste del camino desde ser campeón del mundo hasta esta previa?
-Después del Mundial, tuve momentos, no diría duros, pero sí de sentirme sobrepasado, que creo que fueron hasta lógicos, en los que yo tenía que plantearme algunas cosas. No sólo a nivel deportivo, también familiar. Y cuando más o menos me ordené, volvimos, diría, a disfrutar. Se volvió a ganar la Copa América, el equipo demostró estar bien, a jugar bien. Creo que seis meses o un año después del Mundial empezamos otra vez a disfrutar de este equipo y de lo que hacíamos. Pero después del Mundial hubo momentos en los que yo no sabía mucho para dónde ir.
-¿No podías disfrutar de tanto cariño que estabas recibiendo alrededor?
-Mientras estaba con la gente no me pasaba: el cariño de la gente fue lo mejor que me pasó, sin dudas. Ahí sí que te das cuenta. Lo que pasa es que cuando llega el momento de tranquilidad, de soledad, cuando te vas de Argentina para ver a tu familia, se te vienen muchas cosas a la cabeza, muchas dudas. ¿Qué vas a hacer? ¿Cómo continúa esto? Bueno, fueron esos momentos que al final los sacamos adelante, pero desde la sinceridad, porque al final era lo que necesitábamos: ser sinceros. En mi caso, aclararme. Y eso me dio mucha fuerza para poder seguir y para que nuestro grupo de trabajo -cuerpo técnico, jugadores, cuerpo médico- se diera cuenta de que lo que venía también iba a ser fuerte.
-Aimar dice que de un Mundial no se sale ileso. Y vos hablaste de tsunami post Mundial…
-Aun intentando ser normal, ser la persona que soy, pasa eso. Aun normalizando la situación, no deja de ser estresante. Te encontrás con que sos el foco de todo durante un tiempo y, si no lográs encontrar un equilibrio, puede ser contraproducente. Y bueno, yo estaba equilibrado, nunca me desequilibré. Creo que por eso me pasó todo lo que me pasó ese año: porque intentaba ser normal, abierto con todo el mundo, responderle a todo el mundo, saludar a todos. Y llega un momento en que te desborda. No podés, porque el cuerpo te dice basta. De hecho, me salió un herpes zóster. Fue tres meses después del Mundial, cuando el cuerpo se relajó. Ahí empecé a tener unas secuelas. Lo saqué adelante con naturalidad. Lo mejor que hicimos fue actuar con naturalidad, porque si a lo mejor vos te recluís o hacés lo que no sos, seguramente sería todavía peor. Había que aguantar el temporal, ese tiempo. Pero no siempre lo que se ve, o cuando se gana, es todo perfecto. Tiene un precio, eso está claro.
-Vos en general sos natural. ¿Tuviste que en algún momento decir: “Tengo que serlo más porque se está esperando esto de mí”?
-No sé tanto si por mí, sino por todo el grupo de trabajo de la Selección. Al final sabemos, y soy el primero que lo sabe, que esto continúa, no para. La historia está ahí, quedará, pero la pelota sigue rodando. Entonces, al no parar, vas generando siempre más expectativa y la ilusión de la gente genera más expectativa. Todo va sumando a la responsabilidad que uno tiene de intentar mejorar siempre al equipo. A veces se puede, a veces no. Y si le sumás lo que ganaste y que tenés que estar siempre ahí, bueno… eso hace que sea todavía más estresante.
-¿Qué fue lo que te reequilibró a fines de 2023?
-Lo más importante es ser sincero. Expresarlo con toda la gente que me rodea, con mi familia, con el cuerpo técnico, con algunos jugadores con los que también lo comentamos, con la gente de la AFA. Cuando lo expresé me saqué un peso de encima, más allá de que después el tema mediático fuera diferente. Pero a mí me sirvió para expresar lo que realmente estaba pasando. Y al final fue positivo haberlo hecho porque, a partir de ahí, me di cuenta de que había con qué, había con qué seguir. Muchas de las preocupaciones que podía tener se fueron y eso fue positivo.
-¿La respuesta grupal fue más positiva de la que vos esperabas a partir de lo que planteaste?
-Sí, pero no lo decía para ver la respuesta de los demás, sino para que entendieran la situación, para que todo el mundo supiera que no por ganar estaba todo bien, que había cosas por hablar, por corregir. Cosas que iban a venir y que había que saber si realmente estábamos capacitados. Fue algo más personal que una búsqueda de reacción grupal. Es verdad que ver cómo la gente me apoyó me dio un buen empujón, pero era más que eso. Incluso con el cuerpo técnico lo hablamos; ellos entendieron la situación.
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Fuente: www.ole.com.ar



