La gestora que ganó con Venezuela cuando nadie quería entrar

Cuando Venezuela entró en default y el mercado de sus bonos prácticamente se paralizó, la mayoría de los inversionistas huyó. Pero Tina Vandersteel compró más.

Ahora, unos ocho años después, mientras los fondos buscan exposición a un mercado que resurgió de forma inesperada, la gestora de Boston de Grantham Mayo Van Otterloo & Co. posee gran parte de la deuda que otros buscan.

“Tengo todos los bonos”, señaló Vandersteel en una entrevista realizada este mes. “Si eres el fondo distressed XYZ y quieres empezar ahora, no tienes nada”.

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Ese cambio —de ser una de las pocas compradoras dispuestas a entrar, a convertirse en creadora de mercado en una de las operaciones de deuda soberana políticamente más complejas del mundo— ayudó a que el GMO Emerging Country Debt Fund registrara la rentabilidad ajustada por riesgo más alta entre los fondos globales de deuda soberana desde que estalló la guerra con Irán, según datos recopilados por Bloomberg.

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Vandersteel, que gestiona alrededor de US$9.500 millones, lleva décadas invirtiendo en mercados emergentes. Se incorporó a GMO en 2004 procedente de JPMorgan Chase & Co., donde había comenzado en 1990. Hoy también ve oportunidades de trading en Medio Oriente, especialmente en deuda israelí.

Pero pocas operaciones han tenido tan buenos resultados como Venezuela. La apuesta se construyó durante años acumulando bonos del país a precios de remate, bajo la convicción de que las enormes reservas petroleras terminarían devolviéndoles valor.

Entonces llegó la guerra con Irán. Mientras los precios de la energía se disparaban y los países buscaban proveedores alternativos, las reservas petroleras venezolanas cobraron importancia estratégica.

“Solo había que esperar”, señaló Vandersteel. “Algún día extraerán petróleo y pagarán a los tenedores de bonos”.

La operación se remonta al default de Venezuela a fines de 2017, después de que el endurecimiento de las sanciones estadounidenses y el colapso de la producción petrolera hundieran el precio de los bonos. Las restricciones de Washington para operar deuda venezolana dejaron a muchos inversores prácticamente sin posibilidad de comprar o vender, llevando a algunos fondos a valorar sus posiciones cerca de cero.

“Trabajamos con el Tesoro para que levantaran esas restricciones”, afirmó, al señalar que las limitaciones perjudicaban a los inversionistas existentes más que impedir nuevo financiamiento para Caracas.

Washington finalmente alivió parte de las restricciones, lo que contribuyó a que los precios de los bonos venezolanos se recuperaran hasta situarse en unos ocho o nueve centavos por dólar. Entonces muchos inversionistas se apresuraron a liquidar posiciones que habían depreciado durante años, muchas veces con Vandersteel como una de las únicas compradoras.

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La estrategia de Vadersteel

“Cuanto más bajo el precio, más compro”, agregó. “Después de un tiempo, a estos precios extremadamente bajos, había acumulado algo así como US$1.000 millones en valor nominal de bonos venezolanos”.

A fines de 2025, Vandersteel tenía cerca del 4% de su fondo invertido en bonos soberanos venezolanos y deuda emitida por empresas estatales, frente al 1% del índice de referencia.

El gran momento llegó en enero, cuando Trump capturó al presidente Nicolás Maduro en una operación militar, alimentando las especulaciones de que Venezuela podría eventualmente normalizar relaciones con Washington y reabrir su sector petrolero a la inversión extranjera. En juego había unos US$170.000 millones en bonos en default, préstamos y litigios adeudados a acreedores que van desde firmas de Wall Street hasta China.

Los precios de los bonos saltaron hasta cerca de 40 centavos, generando enormes ganancias para inversionistas como Vandersteel, que resistieron durante años.

La guerra con Irán, iniciada a fines de febrero, volvió a incrementar el atractivo de Venezuela para el mercado petrolero. “Ahora el incentivo para que ExxonMobil, Chevron o cualquiera se anime con Venezuela aumentó materialmente”, sostuvo.

Vandersteel obtuvo ganancias al vender parte de los bonos. Tras más de tres décadas invirtiendo en mercados de deuda, calificó la operación como el tipo de oportunidad que aparece “dos, quizás tres veces en tu carrera”.

“Esto es algo construido hace años y que, por estas circunstancias, nunca sabes cuándo va a rendir tu opción”, afirmó.

El fondo registró una rentabilidad del 22% el año pasado, superando el 14% del índice de referencia, según la firma. En un período de tres años ganó más del 17%, frente al 9,5% del benchmark.

Oriente Medio

Vandersteel ve ahora otra oportunidad geopolítica. Uno de los riesgos más subestimados, afirma, está en la deuda del Consejo de Cooperación del Golfo. Los spreads frente a las tasas overnight indexadas al dólar siguen demasiado ajustados pese al conflicto con Irán, especialmente en países como Catar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Arabia Saudita.

Israel, en su opinión, es el único mercado de la región que incorpora una prima de guerra significativa. Vandersteel compara la situación con Rusia antes de la invasión a Ucrania en 2022, cuando sólidos fundamentos crediticios quedaban eclipsados por el temor geopolítico.

“Se podrían comprar bonos rusos y adquirir protección crediticia sobre esos bonos en un paquete básico”, explicó. “Eso se puede crear en Israel”.

Vandersteel está comprando tanto bonos israelíes en dólares como credit default swaps (CDS), derivados que aseguran contra un incumplimiento. La estrategia genera ingresos mediante los bonos mientras usa parte de esos retornos para financiar la cobertura. Como los bonos cotizan alrededor de 50 puntos básicos más baratos que el costo del seguro, la operación busca beneficiarse de esa diferencia más que apostar directamente a si Israel pagará o caerá en default.

Su enfoque de inversión se basa en lo que define como “certeza”. En las presentaciones a clientes, Vandersteel contrapone a Isaac Newton con Sócrates para distinguir entre operaciones con resultados claramente definidos y aquellas dominadas por variables impredecibles como inflación, petróleo o tasas de interés.

En lugar de intentar predecir esas variables —“tratamos de evitarlas como a la peste”— su equipo se concentra en valor relativo de duración, tomando posiciones largas en bonos de algunos países y cortas en otros, manteniendo neutral la exposición total.

“No quiero que me golpeen los vaivenes del mercado”, concluyó.



Fuente: www.perfil.com

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