Yeo Siew Hua:“Ser visto se convirtió en una forma de existir”


Las películas de Yeo Siew Hua suelen comenzar en un lugar reconocible y lentamente desplazarse hacia otro territorio más ambiguo, más incómodo. Actualmente en cartel, Ojos extraños arranca como un thriller sobre la desaparición de una niña, pero rápidamente se convierte en una reflexión sobre vigilancia, identidad y vínculos humanos atravesados por imágenes y dispositivos tecnológicos. El director singapurense, que ya había explorado elementos del noir en Una tierra imaginada, vuelve a utilizar estructuras de género para construir preguntas más amplias sobre el presente. ¿En qué momento entendió que esa historia debía correrse hacia algo más amplio que el thriller? Yeo Siew Hua responde: “Las películas que hago tienden a transformarse y no siempre encajan claramente dentro de un género específico. A veces utilizo elementos del género porque son familiares para el público y permiten que las personas entren rápidamente en la investigación o en el misterio. Pero después aparecen otras ideas que empiezan a romper esas convenciones y la película toma caminos distintos, incluso inesperados para mí mismo. En este caso, la vigilancia y la observación siempre estuvieron en el centro de la historia. No solamente dentro de la trama policial sino también atravesando las complejidades emocionales de los personajes y la manera en que se relacionan entre sí”.

—Hay algo muy fuerte en Ojos extraños sobre la construcción de identidad a partir de imágenes. Como si hoy existiera una tensión permanente entre quienes somos y cómo somos vistos.

—Sí, aunque creo que esa separación quizás nunca fue tan clara como pensamos. Hoy nuestras relaciones están completamente mediadas por imágenes. Nuestros amigos están en redes sociales, nuestros colegas aparecen en Zoom, las parejas conversan por chats, las familias hacen videollamadas. Tal vez ya no existan relaciones humanas que no estén atravesadas de alguna manera por imágenes. Y eso provoca algo extraño: las imágenes de nosotros mismos se vuelven más reales o más determinantes que quienes somos. Pero al mismo tiempo tampoco hay dos versiones distintas de nosotros. La imagen que construimos siempre fue parte de nuestra identidad. Lo que sucede ahora es que deberíamos ser muchísimo más conscientes de cómo construimos esas imágenes. Porque en la era de las redes sociales, ser visto se convirtió en una forma de existir.

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—La vigilancia en la película no es solamente tecnológica. También es emocional, íntima, afectiva.

—Exactamente. Porque los límites entre lo privado y lo público nunca fueron realmente tan claros, especialmente en un lugar como Singapur. Vivir bajo vigilancia puede ser algo violento y opresivo, pero también puede adquirir formas íntimas o incluso afectuosas. Eso me interesaba mucho. La película tiene bastante que decir sobre la cultura de la vigilancia y sobre la indiferencia que muchas veces existe en sociedades extremadamente controladas. Pero Singapur solamente está un poco adelantado respecto a otras partes del mundo. Ese desdibujamiento entre lo privado y lo público ya está ocurriendo en todas partes. Y probablemente dentro de algunos años ya ni siquiera tenga sentido hablar de esas categorías como las entendemos hoy. Tenemos la sensación de estar hiperconectados pero al mismo tiempo las personas se sienten cada vez más alienadas. Esa contradicción me interesaba mucho: mientras más conectados estamos tecnológicamente, más solos parecemos sentirnos. Esa sensación fue central para construir emocionalmente a los personajes de la película.

La verdad sobre los otros

J.M.D.

—En varios momentos la película parece sugerir que al observar a otros en realidad estamos proyectándonos sobre ellos.

—Sí, porque creo que esa es la única manera en que los seres humanos logramos entender aquello que observamos. Siempre proyectamos algo propio sobre los demás. Incluso cuando hablamos de vigilancia siento cierta nostalgia por un voyeur humano con binoculares antes que por un algoritmo que me interpreta solamente como un conjunto de datos. Al menos un observador humano necesita proyectar parte de su propia humanidad sobre aquello que está viendo para darle sentido. Claro que eso también es problemático, porque muchas veces confundimos nuestras observaciones con la verdad sobre los otros cuando en realidad lo único que revelan son nuestros propios deseos, ansiedades y miedos.

—Tus películas utilizan estructuras de thriller o cine negro pero parecen menos interesadas en resolver enigmas que en abrir preguntas.

—Sí, completamente. Me interesa mucho el cine de género, especialmente el noir, porque históricamente fue una herramienta muy poderosa para pensar problemas sociales. Pero para mí el cine no existe para dar respuestas definitivas. El cine es un espacio para formular preguntas correctamente. Estamos entrando en una etapa completamente nueva de la civilización: nunca estuvimos tan conectados, nunca observamos tanto a los demás, nunca fuimos tan observados. Y honestamente creo que todavía no entendemos qué efecto tendrá eso sobre nosotros como seres humanos. Yo utilizo el cine para explorar esas preguntas. No para resolverlas.



Fuente: www.perfil.com

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