Tu hígado puede empezar a recuperarse con ejercicio: cuánto hay que hacer


Por primera vez, existe evidencia científica que permite establecer parámetros acerca de cuánto ejercicio físico hay que hacer para que tu hígado comience a mejorar y revertir el daño hepático.

Sumar actividad física es fundamental para la prevención y el tratamiento de la acumulación de grasa en el hígado. El ejercicio regular y estructurado es capaz de alcanzar mejoras clínicas y fisiológicas en este órgano, aun en ausencia de fármacos.

Los expertos coinciden en que se necesitan, por lo menos, 150 minutos de actividad física de intensidad moderada a la semana para alcanzar una “dosis” mínima necesaria para que el tejido hepático comience a mejorar.

La cifra nace a partir del consenso entre la comunidad científica y las instituciones líderes, luego de analizar cientos de casos en ensayos controlados y revisiones sistemáticas de la literatura médica.

Además, Mayo Clinic y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos coinciden en la necesidad de acumular 150 minutos de actividad física que puede ser distribuida en sesiones de 30 minutos durante cinco días.

En cuando a los que prefieren actividades de mayor intensidad, este tiempo puede ser reducido a la mitad, mientras que la exigencia física sea proporcional. Al mismo tiempo, los profesionales afirman que la forma de realizar ejercicio es variable, se puede caminar rápido, nadar, andar en bicicleta o realizar tareas domésticas para alcanzar el objetivo semanal.

De igual manera, la mezcla con el entrenamiento de fuerza resulta útil en personas con obesidad o tendencia a la pérdida de masa muscular porque contribuye a mejorar la sensibilidad a la insulina y prevenir la sarcopenia.

Estudios aconsejan que se realice con una frecuencia de tres días a la semana y evitando más de dos días consecutivos sin actividad.

El ejercicio no solo promueve la oxidación de ácidos grasos y reduce la inflamación, sino que también mejora la circulación interna del hígado, interrumpiendo el proceso que convierte la acumulación de grasa en la inflamación crónica y la formación de cicatrices.

No se trata únicamente de herramienta preventiva; es una intervención que puede ser capaz de cambiar el curso de la enfermedad hepática aun sin consumir medicamentos específicos para los problemas que pueda tener el hígado.

Fuente: www.clarin.com

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