Durante años se creyó que comer yema de huevo elevaba el colesterol y aumentaba el riesgo de enfermedades cardíacas, pero hoy los médicos cambian su postura luego de nuevos estudios


Durante años, la yema de huevo quedó asociada a una advertencia casi automática en el mundo de la nutrición: consumirla podía elevar el colesterol y aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca. Esa idea marcó recomendaciones nutricionales durante décadas y llevó a muchas personas a reducir o evitar su consumo.

Sin embargo, el enfoque médico empezó a cambiar. Investigaciones más recientes sugieren que, para la mayoría de las personas, el colesterol presente en alimentos como los huevos tiene un impacto mucho menor en el colesterol sanguíneo de lo que antes se creía. El foco pasó entonces de un alimento puntual a patrones dietarios más amplios.

Eso no significa que todos deban consumir huevos sin límites ni que desaparezcan los matices. Pero sí implica una revisión importante: la relación entre yema, colesterol y salud cardiovascular resultó más compleja de lo que indicaban antiguas recomendaciones.

La preocupación histórica surgió por una lógica directa: como las yemas contienen colesterol dietario, se asumía que comerlas elevaría automáticamente el colesterol en sangre y, por lo tanto, el riesgo cardíaco.

Durante años, esa relación influyó en guías nutricionales y hábitos cotidianos. Pero con el tiempo, investigaciones más amplias comenzaron a mostrar que el colesterol sanguíneo está influido por múltiples factores, entre ellos genética, metabolismo general y, especialmente, el consumo de grasas saturadas y trans.

Los expertos señalan que, para muchas personas, el colesterol dietario tiene menos peso del que se suponía, y que el cuerpo regula parte de su producción interna. Esto ayudó a replantear viejas restricciones generalizadas sobre el huevo.

Además, los huevos aportan proteínas, vitaminas y nutrientes importantes como colina, que son fundamentales para que el cuerpo pueda cumplir con determinadas funciones.

Aunque las recomendaciones pueden variar según antecedentes individuales, la evidencia reciente introdujo varios cambios dentro del consumo de huevos. Estos son algunos de ellos:

Esto llevó a muchos especialistas a abandonar posturas rígidas y adoptar recomendaciones más personalizadas.

El giro médico no consiste en declarar a la yema “inocente” sin discusión, sino en entender que la salud cardiovascular depende de múltiples variables. En lugar de demonizar un alimento específico, hoy se analiza cómo encaja dentro del conjunto de hábitos alimentarios.

Por ejemplo, no es lo mismo consumir huevos dentro de una dieta equilibrada que hacerlo acompañado de patrones ricos en grasas saturadas, ultraprocesados o exceso calórico. Esa diferencia resulta central para entender cómo actúa la yema del huevo dentro de cada cuerpo.

Los nutricionistas explican que también influye el estado de salud de cada persona. Aquellos que padezcan enfermedades como diabetes, hipercolesterolemia familiar u otras condiciones pueden requerir indicaciones específicas.

Fuente: www.clarin.com

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