Qué quiso decir Søren Kierkegaard con la frase “La angustia es el vértigo de la libertad”


Søren Kierkegaard postula que la angustia es el vértigo de la libertad porque representa la experiencia fundamental del ser humano al enfrentarse a la inmensidad de su propia libertad y a la responsabilidad total de decidir su camino, funcionando como un motor que impulsa al sujeto a reconocer su propia existencia frente al abismo de lo posible y lo incierto.
En su obra cumbre, “El concepto de la angustia”, el autor define este sentimiento no como una patología, sino como una consecuencia directa de la conciencia humana sobre sus propias posibilidades. Esta premisa sostiene que la libertad absoluta genera un vacío que el individuo debe llenar con acciones concretas y responsables.
Investigaciones recientes de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) destacan que la multiplicidad de opciones en la era digital intensifica la sensación de “vértigo”. El estudio indica que el 65% de los adultos jóvenes asocia la libertad de elección con una presión paralizante ante el temor al error irreversible.
La angustia, según el pensador, surge en el preciso instante en que el hombre comprende que es el único arquitecto de su destino. No es el miedo a un objeto externo, sino la relación del yo con su propia capacidad de obrar. Este fenómeno se manifiesta con mayor fuerza cuando las estructuras tradicionales pierden su peso regulador.
El pensamiento kierkegaardiano propone que para superar este estado de parálisis es fundamental el “salto de fe”. No se refiere exclusivamente a una dimensión religiosa, sino a la aceptación de la incertidumbre como una parte intrínseca de la vida. Elegirse a uno mismo es el acto de mayor valentía en una sociedad de consumo.
Diversos seminarios resaltan la importancia de distinguir entre el temor y la angustia existencial. Mientras que el primero busca proteger la integridad física, la segunda es el motor que permite la construcción de una identidad auténtica y diferenciada del resto.
La idea de que somos “posibilidad pura” puede resultar abrumadora en contextos de alta volatilidad. Sin embargo, los especialistas coinciden en que reconocer este vértigo es el primer paso para una salud mental robusta. Sin libertad no hay angustia, pero sin angustia el ser humano permanecería en un estado de estancamiento.
La responsabilidad individual aparece entonces como el contrapeso necesario para equilibrar la balanza. Cada elección descartada representa un pequeño duelo que el sujeto debe procesar para avanzar. La libertad, lejos de ser un camino llano, es una montaña que exige esfuerzo constante para no caer ante la inmensidad del paisaje.
Fuente: www.clarin.com



