Tiene más de 2 km y 2.000 años: la muralla romana que aún se puede recorrer completa


La muralla romana todavía marca el perfil de una ciudad europea que no quedó congelada como postal. Sigue ahí con más de 2km de largo y 2.000 aňos de historia, entera, integrada a la vida diaria y no se mira solo desde abajo: también se recorre.

La posibilidad de hacer el paseo completo por la muralla romana es parte de lo que la vuelve singular.

No se trata de un tramo aislado ni de una reconstrucción parcial. Lo que sorprende en este caso es la continuidad. La fortificación mantiene un circuito de más de 2 kilómetros y conserva la forma cerrada con la que protegía a la antigua ciudad romana.

La escena tiene algo poco común. Desde arriba se ven techos, calles, plazas y campanarios; desde abajo, una pared de piedra que sigue imponiendo escala.

Tiene más de 2 km y 2.000 años: la muralla romana que aún se puede recorrer completa

La construcción está en Lugo, en Galicia, España, y rodea el casco histórico de la ciudad. La antigua Lucus Augusti conserva una fortificación levantada entre los siglos III y IV, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000.

Uno de los datos más repetidos sobre esta obra es su dimensión. La muralla tiene más de 2.000 metros de perímetro, con un trazado que sigue cerrando por completo el núcleo antiguo. Esa continuidad es central: no quedan solo fragmentos sueltos, sino un anillo defensivo completo que todavía puede recorrerse por su parte superior.

Distintas descripciones turísticas e históricas mencionan 71 cubos o torres a lo largo del muro, además de varias puertas de acceso abiertas en distintas épocas. Esa combinación explica por qué, aun vista desde nivel de calle, la muralla no parece un simple límite urbano sino una pieza militar de gran volumen.

Europa conserva restos romanos por todos lados: teatros, puentes, anfiteatros, acueductos y murallas. Pero en Lugo aparece una excepción más difícil de encontrar.

El sitio turístico gallego y distintos materiales institucionales la presentan como la única muralla romana completa que se mantiene cerrando íntegramente una ciudad.

En muchas ciudades antiguas, los restos quedaron absorbidos por ampliaciones, demoliciones o reformas.

Acá, en cambio, la muralla siguió delimitando el centro histórico y conservó una lectura clara de su función defensiva. Incluso cuando la ciudad creció más allá de ese límite, el perímetro romano siguió visible y reconocible.

La obra también se volvió parte de la vida urbana actual. No quedó aislada en un parque arqueológico ni separada de la circulación cotidiana.

Hay puertas, accesos y puntos de ingreso que la conectan con calles, plazas y zonas comerciales. Esa convivencia entre patrimonio y uso real le da un peso distinto al paseo.

Caminar la muralla no equivale a visitar un único monumento. Desde el adarve aparecen varias capas de la ciudad.

Hacia adentro, el casco histórico; hacia afuera, la expansión moderna de Lugo. Ese contraste ayuda a leer cómo una ciudad romana terminó convertida en una ciudad contemporánea sin perder su contorno más antiguo.

El recorrido también deja ver detalles constructivos que desde abajo pasan más desapercibidos. El grosor del muro, la repetición de los cubos y el modo en que la línea de piedra acompaña el relieve urbano hacen que el paseo no sea uniforme. Cada tramo cambia un poco la perspectiva y la relación con el entorno.

Fuente: www.clarin.com

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