Sospechas, parálisis y pedidos para que Javier Milei se decida a hacer cambios urgentes en su Gobierno

—Yo te acompaño al Congreso, Manu —escribió un funcionario en el chat de ministros de Javier Milei.

—Yo también —escribió otro, y presionó a sus compañeros a seguir el mismo camino.

Cuarenta y ocho días pasaron desde que se conoció que Manuel Adorni, con la ayuda de los hermanos Milei, ocultó a Bettina Angeletti, su esposa, en el vuelo del Tango 01 que llevó a la comitiva argentina de viaje a Nueva York, un privilegio que también comprendió la estadía en un lujoso hotel de la Quinta Avenida. Una avalancha de acusaciones cae desde entonces sobre él. El funcionamiento del Gobierno y el de sus integrantes quedó atrapado en una telaraña de la que no han podido salir. “Estamos paralizados”, es la frase que más se escucha en la Casa Rosada.

Manuel Adorni asistirá el miércoles al Congreso.

La situación del jefe de Gabinete coincide con el pico de tensión entre Karina Milei y Santiago Caputo, que ya ni se hablan. Demasiado para una administración dominada por la desconfianza y en la que empiezan a brotar sospechas de corrupción. El miércoles a la noche se conoció en A24 que el conductor de la poderosa secretaría de Coordinación de Infraestructura, Carlos Frugoni tiene ocho inmuebles en Miami sin declarar, una exigencia que, por ley, deben cumplir los funcionarios. El Milei de 2024 lo hubieran echado el mismo día, pero todo ha cambiado. ¿Podía ese mismo día el jefe de Gabinete levantar el teléfono y pedir explicaciones? Luis Caputo, el jefe directo de Frugoni, no supo cómo reaccionar. Durante estos días hubo silencio. Recién ayer se decidió echarlo. La decisión se conocerá en las próximas horas o, a más tardar, días.

El mejor equipo de ministros de la historia, como lo definía el Presidente hasta no hace tanto, necesita que sea el propio Milei el que intervenga y ponga fin a las internas y a estos episodios. Es el único que puede hacerlo. “Y debe ser urgente”, dice un ministro. El liderazgo presidencial es hoy eje de críticas y elucubraciones.

Los más optimistas suponen que el miércoles, cuando Adorni asista a la Cámara de Diputados para dar el informe de gestión que exige la ley 101 de la Constitución y responda así a las preguntas de los legisladores -con el Presidente como asistente especial y los ministros distribuidos en distintos palcos- los escándalos que lo involucran comenzarán a perder preponderancia mediática. Es lo que dicen desde aquella desdichada estadía en La Gran Manzana, que se descubrió por la publicación inocente de una foto en la que, poco después, un perspicaz periodista reconoció que esa mujer a la que solo se le veía el perfil era Angeletti.

Axel Kicillo, en la misa en la Basílica de Luján por el primero aniversario de la muerte del Papá Francisc. Foto: Cristina Sille.

La Justicia avanza y el tema no solo se metió en la conversación pública, sino que atrapa a las audiencias, que siguen las revelaciones como si fueran capítulos de una novela. Adorni es investigado en dos causas. En una, lo acusan de negociaciones incompatibles con la función pública por el viaje a Punta del Este que pagó su amigo y contratista de la TV Pública, Marcelo Grandio, y, en la otra, por enriquecimiento ilícito. La acumulación de pruebas podría terminar en una indagatoria de Adorni en Comodoro Py y, acaso, también en la de su esposa. Son las fotos por las que se frotan las manos los principales opositores.

Hay elementos recogidos que llaman muchísimo la atención de los investigadores. Cuando se levantó el secreto bancario y fiscal, descubrieron que, antes de llegar a la Casa Rosada, Adorni pagaba muchos de sus gastos con tarjeta y en cuotas. Ya como funcionario, giró y empezó a cancelar servicios y deudas en efectivo. Existe un ejemplo simbólico: antes de asumir compró un traje de poco más de 200 mil pesos y lo financió en doce meses; en 2024, sin embargo, fue a pasar fin de año a Aruba con su familia y pagó los cuatro tickets aéreos (US$ 5.960) y los hoteles Embassy Suites by Hilton y el Divi Dutch Village Beach Resort (US$ 8.874 ) todo junto y en moneda norteamericana.

Luis Caputo es el jefe directo de Carlos Frugoni, el funcionario que no informó ocho inmuebles en Miami.

La tormenta que acecha a Milei y los nervios que lo envuelven podrían ser comparables con la corrida cambiaria previa a las elecciones legislativas del año pasado, cuando una inédita intervención en el mercado por parte de Estados Unidos le allanó mágicamente la ruta. Las presunciones que pesan sobre el jefe de los ministros y las zancadillas que se hacen karinistas y caputistas se dan a la par de las sombras que se expanden sobre el modelo económico.

Todas las semanas surge un dato nuevo e inquietante. La anterior fue la del 3,4% que marcó la inflación de marzo, la más alta de los últimos doce meses. En esta que termina, se supo que la actividad tropezó en febrero después de dos meses de resultados positivos, tanto en la comparación contra el mes previo como en relación al mismo periodo del año anterior. El estimador mensual de actividad económica (EMAE) registró en febrero una caída de 2,1% en la comparación interanual y de 2,6% respecto a enero en la medición desestacionalizada, según el INDEC.

La imagen presidencial también se resiente. Si bien Milei conserva una popularidad cercana al 40 por ciento, hay cierto temor a la consolidación de una mayoría potente que estaría dispuesta a votar en contra sin importar quién se pare enfrente. Hace sesenta días eran pocos los protagonistas del establishment que se atrevían a poner en duda la reelección. El clima se alteró. Falta mucho para 2027, pero una competencia en la que se polarice en torno a Milei sí o Milei no hoy podría ser perjudicial.

El escenario de fragilidad del oficialismo, al que el Gobierno parece reaccionar con insultos y medidas intempestivas que afectan el funcionamiento democrático -como la clausura de la sala de periodistas de la Casa Rosada, donde se prohibió el ingreso de los acreditados por primera vez en la historia- no hacen más que entusiasmar a las distintas fracciones de la oposición, pese a que esas fuerzas también lucen desarticuladas y confundidas desde que un outsider al que subestimaban barrió inesperadamente con ellas en 2023.

Dante Gebel define tras el Mundial su candidatura y ya se reúne con gobernadores y la CGT.

Axel Kicillof edifica su candidatura sin diálogo con Cristina ni La Cámpora y se muestra predispuesto a reuniones con sectores que antes del enfrentamiento con su mentora ni se le ocurrían. Se siente liberado. “El que se opone a Milei potencialmente puede ser aliado nuestro”, dice en las conversaciones reservadas. Habla de “orientación de consensos” y asegura que el líder libertario se irá quedando cada vez más solo porque representa a una “derecha que ni siquiera es nacionalista”. Máximo Kirchner acumula rencor contra el gobernador: “Tiene que venir a pedirnos perdón”, les dice a sus amigos.

Lejos del kirchnerismo, como siempre, Mauricio Macri también cree que hay espacio para una opción democrática, institucional y que conserve los logros macroeconómicos del mileísmo. Su reunión con Paolo Rocca fue positiva. Ambos cuestionan casi las mismas cosas del proyecto de La Libertad Avanza. Rocca quedó afectado con el seudónimo de Don Chatarrín que le puso el primer mandatario. Parece una nimiedad, pero para el industrial más poderoso del país no lo es. ¿Hablaron de una posible candidatura de Macri? No directamente. El fundador del PRO piensa: “Son cuatro años de infierno y no quiero”.

Macri mantuvo hace poco una reunión con Jorge Brito, un nombre que algunos también lanzaron a la arena de especulaciones electorales. La charla se concretó a pedido de Brito, quien quería escuchar de boca de Macri si en la Argentina hay espacio para una propuesta alternativa encabezada por un nuevo outsider. “Pienso favorablemente”, le dijo Macri. Brito soñó en algún momento con emular al ex presidente; es decir, hacer una revolución en River y llegar con esos pergaminos a la política. No pudo ser. Su paso por la presidencia del club no arrojó los resultados esperados.

Diego Valenzuela, Gerardo Martinez Cristian Jeronimo Guillermo Stanley.
Foto Federico Lopez Claro.

¿Y Dante Gebel? Después de varios amagues dio sus primeros pasos en los medios como posible postulante y se reunió con dirigentes fuertes de CGT. En la sede de la UOCRA se sentó a almorzar brusquetas y fiambres junto a Gerardo Martínez, José Luis Lingieri, Graciela Camaño, Jorge Sola y Cristian Jerónimo. La postura de los cegetistas quedó clara desde el vamos: “No damos por muerto a Milei, pero vemos que en el peronismo no está surgiendo un líder que pueda ganar”.

Algunos gremialistas suponen que quien desplace a Milei tiene que ser otro outsider. “Vos tenés que seguir diciendo que no sos peronista”, le aconsejaron. Gebel agradeció el gesto y pidió que no lo llamen más pastor. Dice que no lo es, que nunca se presentó así.

Se ve que su nueva fe, la política, lo condujo a su primer engaño.

Fuente: www.clarin.com

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