Qué quiso decir Ludwig Wittgenstein cuando afirmó que “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”


“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, es una frase que aparece en el libro “Tractatus Logico-Philosophicus”, del filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein (1889–1951) escrito a principios del Siglo XX. Qué quiso decir el autor.

Wittgenstein fue uno de los pensadores más influyentes de su época, siendo filósofo, matemático y lingüista. Transformó la manera en que entendemos el lenguaje y su primera teoría plantea que existe una relación biunívoca entre las palabras y las cosas.

Planteó que el lenguaje no es solo una herramienta para comunicarnos, sino el marco mismo dentro del cual entendemos la realidad. Lo que no tiene palabras para significar, en cierto modo queda fuera de nuestro alcance.

Su obra más conocida nació como notas y cartas que Wittgenstein mantuvo con otros grandes pensadores como Bertrand Russell, George Edward Moore y Keynes. Son reflexiones surgidas de su servicio en el ejército austro-húngaro, donde también fue prisionero en Italia durante la Primera Guerra Mundial. En el libro intentó resolver una de las preguntas más antiguas de la filosofía: ¿Qué es la verdad?

Cuando Wittgenstein plantea que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, sugiere que solo podemos pensar, describir y comprender aquello que somos capaces de nombrar. Para él, las palabras funcionan como el marco que organiza y delimita nuestra experiencia de la realidad.

Como ya se nombró con anterioridad, en su libro Wittgenstein destaca que lo que puede decirse con claridad puede pensarse, mientras que aquello que queda fuera del lenguaje permanece difuso e inaccesible. Como su búsqueda era de la verdad, para él las certezas solo existían en el terreno de las matemáticas y la lógica.

El lenguaje no es solo un medio para comunicarnos, sino una estructura lógica que refleja el mundo. Si una palabra no representa una imagen mental o un hecho real, si no puede verificarse, entonces carece de significado.

Se basaba en una lógica y en la naturaleza de la representación. Indicaba que el mundo está representado por el pensamiento. No significa que lo que no podemos nombrar no exista, sino que no lo captaremos con claridad, ni podremos compartir o explicar a otros.

Sostenía que la verdad no es una propiedad del mundo, sino el resultado de las reglas que usamos para describirlo. Así como en las matemáticas aceptamos estructuras y fórmulas que nos permiten razonar con coherencia, en el lenguaje creamos “juegos de lenguaje”, es decir, sistemas de significados compartidos que nos ayudan a comunicarnos.

La frase analizada podría también pensarse como una invitación práctica más allá de la reflexión: ampliar el lenguaje sería como ampliar nuestro mundo. Si las palabras que no tenemos dejan afuera a conceptos y reflejos de la realidad, incorporar nuevas formas de expresión permitirían entender con más profundidad el mundo y comunicarse mejor con otros.

Fuente: www.clarin.com

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