Científicos descubrieron 5,5 millones de abejas viviendo bajo un cementerio

Millones de criaturas enterradas emergen cada primavera de debajo de la tierra de un cementerio en Ithaca, Nueva York.

No se trata del regreso de los muertos vivientes; es una de las mayores concentraciones de abejas que anidan en el suelo del mundo, hambrientas de polen.

Los entomólogos de la Universidad de Cornell estiman que el cementerio East Lawn alberga alrededor de 5,5 millones de abejas mineras comunes (Andrena regularis), una especie que no vive en una colmena colonial, como las abejas melíferas, sino que pasa la mayor parte de su vida en soledad en madrigueras subterráneas, informa Science Alert.

Y aunque A. regularis ya era un habitante conocido del cementerio, con registros de la presencia de la especie que se remontan a 1935, no fue hasta 2021 cuando se hizo evidente la magnitud total de esta agrupación de abejas cercana.

Rachel Fordyce, técnica de un laboratorio de entomología de Cornell, descubrió la enorme concentración de nidos tras encontrar un lugar de estacionamiento gratuito a pocas cuadras del campus.

Un día de primavera, mientras cruzaba el cementerio camino al trabajo, logró capturar un frasco lleno de abejas para mostrar a sus compañeros que tal vez valdría la pena visitar ese lugar, indica Science Alert.

a) Un área de alta densidad de nidos en el cementerio East Lawn y b) hembra de A. regularis en vuelo (Hoge et al. Apidologie, 2026).

En Nueva York, la abeja A. regularis emerge del suelo alrededor de abril de cada año para alimentarse de polen, aparearse y, en el caso de las hembras, excavar madrigueras donde sus larvas, bien provistas de polen y néctar, pueden pasar el invierno creciendo en preparación para el vuelo de la próxima primavera.

“Esta especie pasa el invierno en estado adulto, lo cual es relativamente raro, y esa es parte de la razón por la que brotan de la tierra tan temprano en la primavera, coincidiendo con la floración de los manzanos”, dice el biólogo y primer autor del artículo, Steve Hoge, quien era estudiante de pregrado de Cornell en el momento de la investigación.

El equipo de investigación comenzó el trabajo de campo en la primavera de 2023, instalando 10 trampas de emergencia: tiendas de campaña de 36 centímetros cuadrados (5,6 pulgadas cuadradas), abiertas en la parte inferior, colocadas sobre los nidos de las abejas, que canalizan a los insectos hacia un recipiente de recolección de plástico, atrapándolos en etanol al 70 por ciento, dice Science Alert.

No obstante, este estudio de campo sugiere que el cementerio East Lawn tiene un promedio de 853 abejas A. regularis anidando en cada metro cuadrado de su suelo franco arenoso.

Lo que significa que hasta 5,56 millones de abejas podrían haber emergido del lugar en la primavera de 2026.

Excelentes polinizadoras de manzanas y arándanos

A. regularis era, con diferencia, la especie más abundante en el lugar, pero estas abejas no tienen el control absoluto de la parcela; tienen muchas vecinas. Una de ellas es la abeja cuco Nomada imbricata, una especie que resulta ser el parásito de cría más común de A. regularis, informa Science Alert.

c) Macho de A. regularis emergiendo del nido por primera vez y d) Hembra de A. regularis en la entrada del nido (Hoge et al,. Apidologie, 2026).

La contribución de estas abejas a la economía local es digna de mención. La abeja regularis es una polinizadora reconocida de manzanas y arándanos. Investigaciones previas han demostrado que estas abejas contribuyen significativamente a la polinización de las emblemáticas manzanas de Nueva York.

Un cementerio puede parecer un lugar lúgubre para estos presagios de la primavera, pero en realidad es un lugar bastante ideal para especies que anidan en el suelo, como A. regularis.

“La tranquilidad, la ausencia de pesticidas y el hecho de que, en general, el suelo rara vez se ve alterado, hacen de los cementerios un buen hábitat para las abejas”, afirma Danforth, indica Science Alert.

e) Hembra de A. regularis sobre una flor de manzano en Cornell Orchards y f) Hembra de Nomada imbricata inspeccionando la entrada del nido de A. regularis (Hoge et al., Apidologie, 2026).

La mayoría de las especies de abejas anidan en el suelo (el 75%), pero se sabe relativamente poco sobre ellas, sin duda en parte debido a su estilo de vida solitario.

“Estas poblaciones son enormes y necesitan protección”, afirma Danforth . “Si no preservamos los lugares de anidación y alguien los cubre con asfalto, podríamos perder en un instante 5,5 millones de abejas que son importantes polinizadoras“.

A partir de esta investigación, Danforth y su equipo han puesto en marcha un proyecto científico comunitario global para animar a personas de todo el mundo a observar y registrar las abejas terrestres de su localidad.

Fuente: www.clarin.com

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